lunes, 22 de junio de 2026

167 - Don Quijote me abandonó, cambió su lanza por un tractor, harto ya.....


 Atravesé la eternidad

Y descubrí
Tras una nube a alguien
Un caballo con alas se acerca a mí

¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?
Has de saber que yo soy Rocinante
Vivo alejado el coche me desplazó

¡Don Quijote me abandonó!
Cambió su lanza por un tractor
Harto ya

Pobre hidalgo, cómo luchó
Quiso cambiar el mundo con sus sueños
No comprendieron, se rieron de él

Dulcinea le convenció
Con Sancho Panza montaron un negocio
Una tienda de accesorios para el tractor

¡Don Quijote me abandonó!
Cambió su lanza por un tractor
Harto ya

Hiciste bien en quedarte aquí
En este valle de paz
Todas las cosas que aquí ya no están
Acompañan tu soledad

Todo lo bello lo he visto aquí
No necesitas más

Tal vez quieras venir conmigo
En este viaje infinito
Vente conmigo, buen rocinante
A descubrir lo eterno
Bate tus alas al viento
Iré contigo más allá, aah, aah, aah, aah



No podía dejar pasar más días sin hablar de ese lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, ni de divagar sobre las muchas cosas que me inspira este precioso libro.

Hoy os traigo una canción de Asfalto, el grupo de moda durante la Transición (¿hacia dónde? Hacia el ahora, ¡ufff!). Con una ternura inusitada para una banda de rock de la época, nos erizaron la piel con un tema que a mí me parece puro lirismo. Quizás era el momento idóneo para escuchar algo así, dado el futuro tan incierto que se abría ante nosotros; necesitábamos ese paréntesis emocional que Asfalto puso sobre el tablero.

El final —ese cierre que me rasga el corazón— funciona como el colofón perfecto de una canción bellísima. A mí me hacía soñar porque me empujaba a añorar una pérdida inexistente, justo cuando se abría ante mis ojos la ventana de lo que estaba por venir: "Hiciste bien en quedarte aquí, en este valle de paz. Todas las cosas que aquí ya no están, acompañan mi soledad. Todo lo bello lo he visto aquí, no necesitas más..."

Y así es: con esta canción, en aquel instante, yo no necesitaba nada más.

Siglos después, el famoso hidalgo sigue inspirando sueños y realidades alternativas que, sin duda alguna, serían mucho mejores que la nuestra.




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