Para resumirlo de manera aplastante: la democracia liberal no es más que el gobierno de los partidos. Es decir, una partidocracia —o, siendo realistas, una plutocracia— y punto. Por mucho que se desgañiten gritando que en este modelo económico y social manda el pueblo, la realidad es un portazo en la cara: es mentira. El poder real lo ejercen las siglas de siempre, escoltadas por los grandes lobbies financieros que se dedican a succionar el esfuerzo del pueblo trabajador. Un dato para que lo entendáis rápido: el sistema está diseñado para que la mordida fiscal en la nómina de un obrero sea porcentualmente mayor que la que pagan las grandes corporaciones por sus beneficios. Las cuentas no fallan; lo que falla es la justicia. Cuando se fraguó el "Régimen del 78", el término "democracia liberal" se guardaba en un cajón. Se escondía y se maquillaba por una razón muy simple: sabían perfectamente que este sistema es el envoltorio de la explotación laboral y la mis...
Palabras, solo palabras.