60 añazos de Radio Clásica de Radio Nacional de España, nada menos. Mi idilio con esta emisora comenzó hace años, atrapado en las kilométricas e insufribles caravanas de la M-40 madrileña. Era el camino diario hacia esa otra tortura llamada "mundo laboral". Harto de sintonizar la SER, RNE, la COPE u Onda Cero, y cansado de escuchar las mismas tonterías de siempre, encontré en la música clásica mi balsa de salvación. Radio Clásica me conquista, sobre todo, en las noches de verano. Escucharla casi a oscuras, con la única compañía de las estrellas, una suave brisa cálida y —a ser posible— en posición horizontal, es un placer inigualable. Ahora bien, por las mañanas la cosa cambia. Hay una hora en la que se vuelve insufrible. Hablo de ese programa de peticiones donde la gente llama para pedir "cualquier cosa". Uno asume que, estando en la emisora que están, pedirán música clásica... pero qué va. El personal no se entera y te casca desde una habanera hasta cualquier tem...
Palabras, solo palabras.