Si uno quería triunfar fuera de Cuba en el mundo de la música o de la cultura, la receta era sencilla: declararse anticastrista. Con ese solo gesto, la promoción y el éxito estaban prácticamente garantizados. Se abrían de par en par todas las puertas: emisoras de radio, platós de televisión y giras por Estados Unidos y medio mundo, financiadas —cómo no— por la sombra de la CIA. No hay mejor arma de guerra que la cultura para "sorberle el coco" a la masa y convertirla en una legión de zombis o de ñus, el orden es indistinto. Es curioso ver a este ejército de trovadores con sueldos de lujo hablar de derechos humanos, mientras defienden a capa y espada a un país como Estados Unidos; el mismo que ha pisoteado, pisa y pisará la soberanía de cualquier rincón del planeta según sus intereses. No entro a valorar si son buenos o malos músicos —¡ojo!—, simplemente señalo que han jugado con las cartas marcadas y han aprovechado oportunidades infinitas para llegar a la cima. En este bat...
Palabras, solo palabras.