martes, 28 de abril de 2026

154 - UNIVERDADES PRIVADAS vs UNIVERSIDADES LABORALES

UNIVERSIDAD LABORAL DE CÓRDOBA 



Madrid —cuna de la excelencia, la libertad, la cerveza, las drogas y el trabajo precario— se ha propuesto un nuevo hito: convertirse en el hub universitario del sur de Europa. El plan es sencillo: impulsar la creación de universidades privadas para atraer alumnos extranjeros mientras, de paso, se expulsa a los vecinos de sus barrios para levantar residencias de estudiantes. Todo sea por ser los mejores del «mundo mundial» en estudios superiores, aunque en la práctica suponga que ahora en Madrid cualquiera puede montar una universidad para sacarle los cuartos a los hijos de los obreros. Tanto es así que, en pago a los servicios prestados a la ínclita Ayuso, hasta el Colegio de Abogados va a recibir la suya propia.

Mientras tanto, la universidad pública languidece. Golpeada por la infrafinanciación crónica del Gobierno regional, camina hacia el mismo destino que nuestra sanidad: quedar relegada como un servicio de beneficencia para gentes sin recursos. Y mejor no hablemos de la supuesta «gratuidad» de la pública; tras el Plan Bolonia, la enseñanza se ha convertido en una auténtica vergüenza económica para las familias trabajadoras.

¡Qué lejos queda aquel modelo de las Universidades Laborales! Eran auténticos centros de excelencia y formación profesional donde el hijo del obrero, si tenía capacidad, podía formarse sin que a sus padres les costase una sola peseta. Allí la aportación del Ministerio de Trabajo de la época, cubría absolutamente todo: desde los libros y el material escolar hasta la ropa de taller e incluso los cortes de pelo. Ese era un modelo de enseñanza real en el que una izquierda de verdad —y no esta «izquierda de batucada» que nos rodea ahora— debería fijarse para reconstruir el sistema.

Luego llegó la modernidad educativa de la mano de Adolfo Suárez y todo lo bueno que teníamos desapareció. Fue el inicio del saqueo, incluyendo el de aquellas residencias de Educación y Descanso que terminaron regaladas a los sindicatos del sistema, CCOO y UGT. Sé perfectamente que aquello era el franquismo y sé que se cometieron atrocidades; no se equivoquen, no apoyo aquel régimen. Pero mi honestidad me obliga a decir que, en el afán del antifranquismo por borrar el pasado, se llevaron por delante estructuras que nos habrían protegido frente al modelo liberal, fagocitador y depredador que hoy devora nuestras condiciones de vida.

Digo estas verdades como puños porque caminamos hacia un abismo que nos venden como progreso. Como decía el himno de los míos: «¡Arriba, parias de la tierra!». Estaré encantado de polemizar con quien haga falta, incluso acepto retarle a duelo.


Pd. Da gusto ver las instalaciones de la Universidad de Córdoba, cuyo  nombre era era el de: "Onésimo Redondo" (en la imagen). Creo que recordar que allí se impartían clases sobre agricultura y ganadería al máximo nivel. Una joya.

viernes, 24 de abril de 2026

153 - El negocio del "anticastrismo": ¿Arte o propaganda?

 



Si uno quería triunfar fuera de Cuba en el mundo de la música o de la cultura, la receta era sencilla: declararse anticastrista. Con ese solo gesto, la promoción y el éxito estaban prácticamente garantizados. Se abrían de par en par todas las puertas: emisoras de radio, platós de televisión y giras por Estados Unidos y medio mundo, financiadas —cómo no— por la sombra de la CIA.

No hay mejor arma de guerra que la cultura para "sorberle el coco" a la masa y convertirla en una legión de zombis o de ñus, el orden es indistinto. Es curioso ver a este ejército de trovadores con sueldos de lujo hablar de derechos humanos, mientras defienden a capa y espada a un país como Estados Unidos; el mismo que ha pisoteado, pisa y pisará la soberanía de cualquier rincón del planeta según sus intereses.

No entro a valorar si son buenos o malos músicos —¡ojo!—, simplemente señalo que han jugado con las cartas marcadas y han aprovechado oportunidades infinitas para llegar a la cima. En este batallón de la contrarrevolución tenemos nombres propios:

  • Celia Cruz: Una petarda insoportable de tomo y lomo. Yo creo que no se fue de Cuba, la echaron por petarda legando donde llegó por se eso, anticastrista.

  • La nueva ola: Luego están los Yomil, Leoni Torres, Yuliet Cruz o los Van Van. Sinceramente, ni sé quiénes son ni me interesa saberlo, pero si siguen la estela de Celia, ya pueden meterse sus cosas por el orto. ¡Menuda pantomima la de estos "defensores de los derechos humanos"!

Este es el mundo que hemos heredado, es lo que hay.

domingo, 19 de abril de 2026

152 - La contradicción del rito: Mi visión sobre la Semana Santa y la Iglesia


 






La Semana Santa siempre me sumerge en la perplejidad. Soy consciente de que cada persona vive la fe a su manera, pero cuando hablamos de un rito religioso institucional, hay aspectos que chocan frontalmente con lo que yo entiendo por espiritualidad.

A mi juicio, la Iglesia católica debería desmarcarse de ciertas prácticas que aún persisten en nuestro calendario. Aquí expongo mis tres grandes dilemas:

1. La apología del dolor: ¿Expiación o brutalidad?

Una de las imágenes más impactantes —y para mí, brutales— es la de los penitentes flagelándose hasta sangrar. No logro comprender la expiación de las culpas a través del castigo físico. Si algo define (o debería definir) al catolicismo, es la búsqueda de la felicidad del ser humano mediante la fe, no mediante el martirio autoinfligido.

Es cierto que no he leído todos los textos sagrados, pero en ningún lugar he encontrado que el uso del cilicio o el látigo sea un requisito para la salvación. Jesucristo sufrió tortura y una muerte atroz, sí; pero lo aceptó como un destino inevitable y no como una práctica que sus fieles deban replicar. Maltratar el cuerpo —que según la propia doctrina es obra divina a imagen y semejanza de Dios— me parece, paradójicamente, una falta de respeto al Creador.

2. El brazo armado en la procesión

Me resulta igual de desconcertante la presencia del Ejército —ya sea la Legión, la Aviación o la Marina— en estas celebraciones. Hablamos de soldados entrenados para el combate y la eliminación del enemigo. ¿Qué lugar tiene eso en un culto basado en el mensaje de amor y paz de Jesús?

La existencia de capellanes castrenses y la simbiosis entre lo militar y lo religioso me parece una contradicción terminológica. Donde hay armas, no debería haber religión, al menos no bajo el mensaje del Cristo que yo conozco.

3. El internacionalismo frente al himno

Por último, está la polémica del himno nacional acompañando la salida de las procesiones. El catolicismo, por definición, es universal. No tiene patria ni fronteras; debería estar por encima de reyes, presidentes y territorios.

Desde una perspectiva de izquierdas, la Iglesia debería representar una suerte de internacionalismo religioso donde la única patria sea "el otro", sea este creyente o no. Si los fieles están "de paso" por este mundo terrenal, ¿por qué aferrarse a símbolos nacionales que solo fragmentan esa supuesta universalidad?


Conclusión

En definitiva, creo que la Iglesia católica ganaría en coherencia si se alejara de estos atavismos. No pretendo prohibir que cada uno haga lo que quiera, pero defiendo que estas prácticas contradicen el pensamiento religioso más puro.


miércoles, 15 de abril de 2026

151 - Elogio a la pereza: El arte de no hacer nada (y hacerlo mejor)

 





Soy un firme defensor de la pereza. No hablo de la desidia gris, sino de esa fuerza que nos hace hombres y mujeres libres. La pereza es el caldo de cultivo de la creatividad; revitaliza las constantes vitales y nos regala esa observación privilegiada que solo se obtiene desde una perspectiva horizontal o  diagonal. Porque, nos guste o no es otra forma de ver y entender el mundo.

En este planeta de velocidades infinitas y productividad tóxica, la pereza es un derecho fundamental. Es nuestra pausa obligada, nuestro momento reflexivo. Es ese alivio casi espiritual, comparable a cuando vas al baño a "hacer de vientre" y todo fluye sin el drama de un estreñimiento ocasional o no. Simplemente, la vida y las heces,  corren como pasan los trenes por la línea 6 del Metro de Madrid en hora no punta.

Sus militantes seguidores somos, en realidad, los grandes perfeccionadores de los procesos productivos. ¿Por qué? Porque somos capaces de simplificar cualquier tarea hasta el absurdo. Los perezosos hacemos lo que sea en tiempo récord y de la forma más fácil posible por un único y noble fin: seguir retozando en cualquier rincón del planeta.

Paso de los que dicen que "se comen el mundo". Paso de los que predican que siempre hay que estar haciendo algo en lugar de nada. Mi pregunta existencialista es simple: ¿Para qué? ¿Acaso hay algún fuego que apagar ahora mismo? Si la respuesta es no, entonces mi sitio es el sofá.

Ya lo dijo el bueno de Bill Gates —ese gurú de los cacharros que se enchufan a la pared y piensan por nosotros—. Él siempre confesó que, para poner en marcha sus inventos más complejos, buscaba a los más perezosos y vagos de la empresa. ¿La razón? Solo ellos encontrarían la manera más rápida y económica de hacerlo, ahorrándole millones de dólares en el proceso productivo. Así que, ¡bien por el bueno de Bill! y bien por todos nosotros.

Me voy a tumbar, que solo de escribir esto ya me he agotado.



lunes, 13 de abril de 2026

150 - La reina del LIDL


  


El viejo grupo musical conocido como Topo tiene una canción titulada "La reina del vagón", a la que siempre que puedo hago referencia porque me produce cierta nostalgia "tristológica". Efectivamente ella, a la que hace referencia la letra, era la auténtica reina de la red de Metro de Madrid; lo que pasa es que ahora, ajustándola al consumo social desenfrenado, es "la reina del Lidl", que es de lo que yo quiero hablar.

Como sabéis, esta red de supermercados es alemana, lo que significa que nos ofrece no solo comida, sino también cachivaches: máquinas de esas que se enchufan, destornilladores o una manta térmica para las duras noches de invierno (algunos alemanes y otros no, que quede claro). Uno puede entrar a por un kilo de naranjas de zumo y llevarse un juego de destornilladores Casal para su casa sin pensar si los necesita o no.

Pues bien, de quien os hablo es de alguien ficticio. Este título sugerente me ha hecho concebir una historia, porque llamar a este post "La reina del Lidl" tiene para mí fuerza creativa. Si tengo que tirar de imaginación, esta reina es una mujer impresionante, de anchas caderas y melena aterciopelada al viento. Se cimbrea al andar como un ciprés un día de viento, siendo también estilizada como este tipo de árbol. Posee una sonrisa cálida y permanente que imprime carácter, hasta tal punto que su presencia en el Polo Norte podría deshelar toda el agua dulce en forma de hielo acumulada en el; o como diría mi madre: "resucita hasta  un muerto".

Ella es una mujer que quita el hipo, o te lo provoca, o ambas cosas a la vez, ya que al pasar a tu lado deja un halo de "lunática tristeza", como dice la canción de Víctor Manuel y Ana Belén, quien  sabe si sintiéndonos  insignificante en este puto mundo ante esta "aparición". Pues bien, ella es la que cada vez que va a este establecimiento se trae un cachivache entre los pepinos y los tomates para la ensalada. Da igual si lo necesita o no; es lo mismo: es una oportunidad y hay que cazarla al vuelo en este ritmo que los mercados nos imponen.

Quizás sea ahí donde se esconde su verdadera riqueza como persona, una riqueza incalculable que yo veo más como una genialidad que como un reproche. Ese es su encanto, esa es su lindeza. No es que conozca a la persona que describo —que no—, pero cuando voy al Lidl (que voy poco), veo picotear a muchísima gente en estos estands de cachivaches variopintos. Esa observación hizo que se me iluminara la cabeza —que no solo la tengo para portar unas gafas— y construyera una historia que, por razones del guion (o por imperativo legal), había que contar.

Os invito a ser un poco sociólogos, a ver lo que nos rodea y analizar todo esto, ya que hay una riqueza impresionante a nuestro alrededor. Ella, la reina del Lidl, es la auténtica protagonista de ese lugar, no tengo duda; pero, por lo que puedo llegar a imaginar, puede ser la reina de lo que le dé la gana, porque tiene una fuerza que muchos quisiéramos para nosotros.

Os dejo, de paso, la canción de Luna, a la que antes he hecho referencia y que me sirve para reflexionar de todo y de nada.



miércoles, 8 de abril de 2026

149 - Democracia liberal: ¿Gobierno del pueblo o decorado para la plutocracia?


  

Para resumirlo de manera aplastante: la democracia liberal no es más que el gobierno de los partidos. Es decir, una partidocracia —o, siendo realistas, una plutocracia— y punto. Por mucho que se desgañiten gritando que en este modelo económico y social manda el pueblo, la realidad es un portazo en la cara: es mentira. El poder real lo ejercen las siglas de siempre, escoltadas por los grandes lobbies financieros que se dedican a succionar el esfuerzo del pueblo trabajador. Un dato para que lo entendáis rápido: el sistema está diseñado para que la mordida fiscal en la nómina de un obrero sea porcentualmente mayor que la que pagan las grandes corporaciones por sus beneficios. Las cuentas no fallan; lo que falla es la justicia.

Cuando se fraguó el  "Régimen del 78", el término "democracia liberal" se guardaba en un cajón. Se escondía y se maquillaba por una razón muy simple: sabían perfectamente que este sistema es el envoltorio de la explotación laboral y la miseria. Es cierto que nuestra Constitución tiene aspectos formales que funcionan como los luminosos de un gran almacén: vendiéndonos derechos brillantes que nunca se cumplen. El acceso a la vivienda o el derecho a un trabajo digno son hoy papel mojado; promesas de escaparate que no sirven de nada en la vida real. Ya lo advertía el Conde de Romanones con su cínica máxima: "Hagan ustedes la leyes y déjenme a mi los reglamentos". El desarrollo de esa Carta Magna ha sido, desde el principio, una vía muerta para el pueblo trabajador.

De un tiempo a esta parte, los "peperos" y otros especímenes de la misma ralea han perdido el pudor. Ahora se autoproclaman defensores a ultranza de esta democracia liberal. Y claro que la defienden: es la suya. Es la que les garantiza beneficios privados y mantiene a un ejército de zánganos —de uno y otro bando— que viven a costa de doblar nosotros el lomo. 

Sabéis que siento una admiración profunda por Julio Anguita, pero nunca compartí su empeño en defender la Constitución actual como si fuera una herramienta útil para la clase obrera. No se puede arreglar una casa cuyos cimientos están diseñados para expulsarte. Frente a su democracia liberal, toca alzar la nuestra: la democracia socialista. Porque, queridos amigos, tener un puñado de partidos compitiendo en la televisión no hace a una nación democrática; eso es solo atrezo. La verdadera democracia empieza cuando el pan y la dignidad de quien trabaja dejan de ser una mercancía (Me ha salido un término muy Joseantoniano, lo sé, pero que le voy a hacer) .

lunes, 6 de abril de 2026

148 - Peligros nocturnos: Las incompatibilidades más extremas entre pijama y sábanas






El mercado actual nos ofrece un universo de posibilidades para el descanso; opciones impresionantes y, afortunadamente, al alcance de cualquier bolsillo. Sin embargo, nadie nos advierte de que existen combinaciones que son, sencillamente, un atentado contra la integridad física. Hay cosas que son prácticamente incompatibles, como por ejemplo el pijama y las sábanas de franela. A priori, parece el plan perfecto para las largas y duras noches del infierno invernal, pero la realidad es que resultan incompatibles a todas luces.

Uno se da cuenta del error cuando intenta girar para ponerse del otro lado; y yo, que me muevo mucho, lo encuentro un suplicio. En ese movimiento te traes contigo todas las sábanas —incluida la bajera, también de franela— en un efecto tsunami, dejando de repente tu espalda y el trasero desguarnecidos ante el ataque del frío. Para que lo entendáis: es como si tu pijama y tus sábanas estuvieran hechos de velcro y una fuera la parte opuesta a la otra. Sencillamente horroroso.

Otra incompatibilidad letal en el mundo del dormir es la del pijama y las sábanas de raso. Es casi imposible mantener la estabilidad a no ser que uno lleve crampones de montaña para poder clavarlos en el colchón. Es inevitable resbalarse y terminar en el pasillo de casa practicando uno de los deportes de invierno más peligrosos, como el skeleton o el descenso alpino. Al principio puede parecer divertido, pero cuando te caes de la cama siete veces en una noche  empiezas a considerar seriamente dormir con un casco de alpinista, la gracia desaparece por completo.

Por lo tanto, os pido prudencia a la hora de elegir vuestro "equipo" nocturno. No dejéis que el ansia de calor o el glamour os cieguen, porque si no, vuestras noches serán una auténtica pesadilla. Os lo digo por pura y traumática experiencia propia.