El mundo del desodorante es un lugar inhóspito. Cuando te adentras en el tú solo, puedes ser abducido por una indecisión de tal magnitud de la que es difícil salir, y salir de una pieza aún más. Lo hice, a porta gayola, contra todos los elementos del consumo y del capitalismo salvaje. No os exagero pero en el estand de Mercadona solo de la marca Nivea sino había más diez tipos no había ninguno, y si sumamos esto otras marcas aquello es una orgía contra el mal olor a sobacuzo (que falta hace una campaña del gobierno contra el mismo ya, que vamos tarde). Tiré de mi capacidad de raciocinio y moviendo los dedos como un prestidigitador elegí el que más idóneo para mi piel, mi forma de ser, y más acorde con mis principios conservacionistas del medio ambiente. Total, elegí uno ecológico sin saber porque era respetuoso con el medio ambiente pensando que tal vez estaba hecho con hojas de parra machacadas, agua, aceite de oliva, algo de pimentón, y barro de la...
Palabras, solo palabras.