Sigo sin vivir en mí, de verdad. Desde que a los desgraciados traidores les dio por izar la bandera de los zares en Moscú , mi cerebro vive en una huelga constante contra la realidad. Con una nostalgia deslumbrante y la esperanza de quien espera el regreso del Sputnik, me fugo mentalmente a mi querido Berlín Este : el único Berlín auténtico que existió antes de que la OTAN y sus amigos decidieran que lo mejor era "fagocitarnos" con patatas fritas. Hoy os traigo la Alexanderplatz , ese centro neurálgico del Berlín antifascista que aguantaba el tirón frente al capitalismo mundial sin despeinarse. Fijaos en esos edificios socialistas : ahí están, como centinelas de hormigón armado, protegiendo al ciudadano de a pie de las tentaciones del mal (y de paso, del viento helado del Báltico). En lo más alto veréis la sede de Interflug , la gloriosa línea aérea que llegaba a donde hacía falta sin necesidad de venderle el alma al diablo. Y, por supuesto, la Torre de Telecomunicaciones...
Palabras, solo palabras.