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Mostrando las entradas etiquetadas como BARCELONA

3 - Pedro, el informático de Melmac

  Toda una vida estaba metida en esa caja roja del demonio. Todo: fotos de mis padres, mías de pequeño, de mis amantes fugaces —aunque estas me daban igual, ya que solo verlas me hierve la sangre por las malas experiencias— e incluso documentos importantes. Pero nada, no había manera de entrar en su interior. No sé la razón por la que este maldito chisme había decidido que hasta aquí había llegado y, la verdad, estaba desesperado. Incluso tenía experiencias cercanas a la muerte de lo mal que una mierda de aparato podía hacerme sentir en mi apesadumbrada vida. Tenía, por una cuestión de supervivencia, que arreglarlo y la solución era fácil: llamar a mi amigo Pedro, que es informático y de los buenos, para que me dijera cómo hacerlo o que se viniera a casa, se tomara unas birras y me lo arreglara. Pero cada vez que viene me atraca la nevera y se bebe hasta el agua de los platos de los tiestos que están por casa, aunque, gracias a Dios, son pocos. Aparte de eso, es un pesado de narice...

2 - Vudú Baby

  Era 20 de agosto; el verano se iba retirando poco a poco, no sin recordarnos que el calor iba y venía a capricho de la naturaleza. Le costaba irse, pero, irremediablemente, tarde o temprano cedería ante el empuje del otoño. Este 20 de agosto era una fecha para olvidar, porque hace algunos años  viví un infierno insufrible; soy una persona muy sentida en estos lances del amor que, como el verano, sucumbe tarde o temprano ante el empuje de la distancia emocional y el olvido impuesto y autoimpuesto. Este día por la mañana recibí una llamada inesperada de un buen amigo —de quien, por razones que no voy a explicar, no diré su nombre— para invitarme a una fiesta un poco extraña. Él sabe de mis correrías amorosas y también sabe que esta fecha del 20 de agosto es un día que desearía borrar de mi memoria para siempre. La fiesta en concreto era un Vudú Baby, un extraño evento posmoderno donde nos adentraríamos en el manejo de esta religión del África occidental, pero muy expandida por...

147 - El sueño de Laura

        Cuando escuché la frase «El sueño de Laura», brotó en mi mente —esa cavidad atormentada por mil y una noches de vigilia creativa, siempre desde la 6 AM,— una historia que amenaza con comenzar ahora mismo. O quizá sea solo un propósito baldío, pues, como ya advertí, navego en una sopa mental de proporciones considerables. El escenario es Barcelona, una de mis ciudades predilectas. La trama se despliega en una de las avenidas que más admiro, la Diagonal, y en el refugio de un hotel lujoso: el Hotel Barcelona Princess . Es un cuatro estrellas de presencia impecable que no conozco, pero al que espero ser invitado tras esta caricia literaria. Aquella noche, una de esas noches cálidas donde el aire pesa, no esperaba a nadie en el vestíbulo. Sin embargo, deseaba intuía (soy un hombre de intuiciones), la aparición de Laura —o de Carmen, Verónica, Virginia, Catalina o Martina; el nombre es lo de menos—. Seguramente  sería impresionantemente bella; había dejado es...

108 - El desastre social de la alta velocidad ferroviaria

  Somos una economía avanzada, la locomotora de Europa, somos la leche en cuanto a todas estas cosas. ¡Y una mierda!. El mundo y España siguen siendo una castaña pilonga, donde todo es de los ricos y para los ricos. Y así está la red ferroviaria española, donde se están construyendo trenes de una altísima velocidad para las ciudades, para el cosmopolitismo ramplón que nos hace creer lo que no somos. En Madrid queremos ir a la playa de Valencia en una hora y media. A Barcelona a negociar pingües beneficios. A Sevilla porque es una ciudad hermosa. Y mientras, la sociedad de la velocidad y del consumo es observada por la España rural, donde estos megatrenes pasan sin mirar a nadie, porque en el fondo, al lugareño que araña su terruño le importa a los políticos lo que le importa a las personas que van en ese rápido medio de transporte: nada. Desmantelamos los trenes regionales, o entre poblaciones que no son capitales, para que el señorito de la ciudad pueda mojarse los pies en la play...