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Entradas

1 - Tengo 50 años y comparto habitación con una retroexcavadora

  Mi habitación es una habitación al uso. No tiene nada de especial salvo una ventana —como cualquier ventana—, una cama que ya tiene sus años y que siempre está desmelenada, y una televisión de esas finitas de marca desconocida que ni siquiera es una Smart TV ; es decir, una televisión miserable. Ah, y la ropa sucia por todas partes: unos calzoncillos sudados del deporte de la mañana en un rincón, una camiseta colgando del manillar de una bici estática llena de polvo,  desde hace días (bastante pestilente, a decir verdad) y algunos jerséis del invierno pasado colgados de las puertas del armario empotrado. Vamos, la estancia de cualquier joven de hoy en día. Lo que ocurre es que yo tengo ya cincuenta años. Puedo llevar viviendo en esta casa unos veinte años y jamás me había fijado en la retroexcavadora que ocupa la mitad de mi reino, es decir, de mi habitación, que es donde hago mi vida. Es algo extraño, ya que las visitas que han venido a los juegos de amor tampoco me habían ...
Entradas recientes

173 - El nuevo ciclismo de baja intensidad

  Es verano, tiempo de hacer gilipolleces que no haces durante el duro invierno. Este año me ha dado por arrastrarme por la carretera con mi bici Decathlon de más de veinte años y más de veinte kilos de peso, gracias a los extras añadidos por mí, como un transportín para las alforjas ( no confundir con la película Trainspotting, del director Danny Boyle ) y una pata de cabra que, por lo que sea, siempre se me caía al suelo. Total, si sumamos pesos, hay que añadir a esos veinte kilos el sobrepeso propio de los vicios adquiridos de engullir oreja y torreznos: puedo estar hablando de que desplazo casi cien kilos de nada. Por eso lo llamo «ciclismo de baja intensidad» , porque a la vez que das pedales arrastras la lengua por el asfalto. Soy hombre de carretera, si de ciclismo hablamos, porque en el campo, por lo que sea, siempre termino pinchando, que fue precisamente una de las causas por las que dejé este noble deporte. No es solo que pinchara todos los fines de semana que salía a pe...

172 - La UME, BRIF y demás medios del estado para combatir los incendios forestales

      En cada gran catástrofe resuena con fuerza una frase que se repite sin parar: «el pueblo salva al pueblo» . Lo escuchamos continuamente de boca de voluntarios que sienten que han estado solos ante la tragedia. Su labor es admirable, sin duda, pero seamos realistas: si el pueblo tuviera que salvar al pueblo, la mitad estaríamos muertos. Y lo decimos con claridad porque, aunque dos grandes unidades estatales de emergencia han estado desplegadas en el terreno, parece haber un gran desconocimiento sobre quién hace qué en este tipo de desastres. Para entender lo que ocurre en estas situaciones, conviene recordar cómo funciona la cadena de mando y qué competencias tiene cada estamento. La UME (Unidad Militar de Emergencias) —unidad de protección civil militarizada creada en su día por el Gobierno de Zapatero ante el desastre de gestión en esta materia por parte de las comunidades autónomas— y las BRIF (Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales) —creadas por el Ministe...

171 - Trabant, la joya automovilística de la Republica Democrática Alemana

  berlinconfidencial @kalterkrieg2 A ver, el Trabant no era la joya de la corona automovilística de la RDA ni podía competir con las prestaciones del popular Volkswagen "escarabajo" de la RFA. El Trabant tampoco era una necesidad perentoria para los ciudadanos de la RDA por mucho que te cuenten machaconamente los largos períodos de espera para adquirirlo. Pero, con largas esperas o no, el Trabant fue adquirido por miles de alemanes del Este para utilizarlo en el trabajo y en el ocio (por ejemplo, desplazarse hasta lugares de vacaciones como la playa de Warnemünde o el Lago Balatón, en Hungría, donde se veían multitud de familias con "trabbis" -apelativo cariñoso del Trabant-). Y, en cualquier caso, el sindicato FDGB proveía a los trabajadores de alternativas para viajar. Ir de Berlín Este a Hungría en un "pobretón" Trabant de 26 CV, cargado con la familia y la tienda de campaña, es cierto, era una odisea. Pero esos recuerdos crearon un vínculo emocional co...

170 - De la casa de huéspedes al hostels

La posmodernidad nos está regalando maravillas que yo creía ya extinguidas. Pero no. Hemos evolucionado de los piojos de las décadas de los 40, 50 y 60 a los piojos del siglo XXI: más gordos, inmunizados a la química, más sádicos y, por supuesto, diversificados en un catálogo infinito de nuevas especies. Pues bien, ese mismo progreso parasitario es el que está sufriendo el sector turístico, aprovechando el atontamiento generalizado de una humanidad anestesiada. Antes existían las casas de huéspedes: antros donde te alquilaban una cama y poco más, y que eran —hablando en plata— una auténtica mierda. Hoy los llamamos hostels . Son exactamente la misma porquería, pero con una capa de pintura pastel, cuatro muebles suecos de contrachapado y un marketing sobrealimentado de «buenrollismo». ¡Y el baño y la ducha compartidos en el pasillo! Como en las corralas madrileñas del año de la polka, pero pagando el precio de un hotel de tres estrellas. Lo fascinante es cómo nos venden esta indigencia ...

169 - 60 añazos de Radio Clásica: un oasis sonoro

60 añazos de Radio Clásica de Radio Nacional de España, nada menos. Mi idilio con esta emisora comenzó hace años, atrapado en las kilométricas e insufribles caravanas de la M-40 madrileña. Era el camino diario hacia esa otra tortura llamada "mundo laboral". Harto de sintonizar la SER, RNE, la COPE u Onda Cero, y cansado de escuchar las mismas tonterías de siempre, encontré en la música clásica mi balsa de salvación. Radio Clásica me conquista, sobre todo, en las noches de verano. Escucharla casi a oscuras, con la única compañía de las estrellas, una suave brisa cálida y —a ser posible— en posición horizontal, es un placer inigualable. Ahora bien, por las mañanas la cosa cambia. Hay una hora en la que se vuelve insufrible. Hablo de ese programa de peticiones donde la gente llama para pedir "cualquier cosa". Uno asume que, estando en la emisora que están, pedirán música clásica... pero qué va. El personal no se entera y te casca desde una habanera hasta cualquier tem...

168 - La Playa

¿Te acuerdas de la película La playa ? Hay un momento exacto que tengo grabado en la mente: cuando el personaje de Leonardo DiCaprio llega por primera vez a esa isla oculta. Ese instante bucólico donde, de repente, te encuentras contigo mismo o con algo superior. Hablo de ese gesto de locura. Ese que nos dice que, por fin, has llegado exactamente a donde querías llegar. El gesto de sentir, con absoluta certeza, que estás en tu lugar en el mundo. Ese estado de paz mental es el que intento mantener a diario. Y es el espíritu con el que quiero pisar cualquier playa, de cualquier lugar. Si pudiera personificar a la playa, me sentaría frente al mar para hablarle y decirle: «Eres mi lugar en el mundo otra vez, o tantas veces como haga falta. No quiero salir de aquí. Déjame estar, solo te pido eso, nada más». A veces pienso en la magia de ese instante. Caminas entre hierbas tan altas como tú, abriéndote paso en lo desconocido, cuando de pronto se abre un claro inesperado. Un rincón donde no e...

167 - Don Quijote me abandonó, cambió su lanza por un tractor, harto ya.....

  Atravesé la eternidad Y descubrí Tras una nube a alguien Un caballo con alas se acerca a mí ¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí? Has de saber que yo soy Rocinante Vivo alejado el coche me desplazó ¡Don Quijote me abandonó! Cambió su lanza por un tractor Harto ya Pobre hidalgo, cómo luchó Quiso cambiar el mundo con sus sueños No comprendieron, se rieron de él Dulcinea le convenció Con Sancho Panza montaron un negocio Una tienda de accesorios para el tractor ¡Don Quijote me abandonó! Cambió su lanza por un tractor Harto ya Hiciste bien en quedarte aquí En este valle de paz Todas las cosas que aquí ya no están Acompañan tu soledad Todo lo bello lo he visto aquí No necesitas más Tal vez quieras venir conmigo En este viaje infinito Vente conmigo, buen rocinante A descubrir lo eterno Bate tus alas al viento Iré contigo más allá, aah, aah, aah, aah No podía dejar pasar más días sin hablar de ese lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, ni de divagar sobre las muchas cosas que ...

166 - Los andares laborales

  El hábito no hace al monje, pero los andares dicen mucho del trabajador frente al trabajo. Ahora que estamos inmersos en entrevistas interminables para un puesto con un salario de 1500 euros —donde te piden prueba , psicotécnico , análisis de opiáceos, tamaño del pene (para ellos) y todo lo que se le ocurra al memo de turno de Recursos Humanos (maldita palabra)—, yo propongo que analicen nuestros andares para saber la capacidad productiva del obrero, esté especializado o no. Por el trabajo que tengo, me he dado cuenta —por eso de los andares— de quién es receptivo a la producción y quién no. Porque coincide que aquellos que tienen una cadencia lunar a la hora de transportarse, andando de un lado a otro, son más perros que Niebla (el perro de Heidi); mientras que los que tienen unos andares más vivos y estirados que los anteriores, estos sí , tienen una predisposición más comprometida con el trabajo. Por lo tanto, ahora en las entrevistas de trabajo todos tienen que ...

165 - En un lugar de......

Siempre me ha parecido mágico el inicio del maravilloso libro del Quijote de la Mancha . Lo he leído dos veces y siempre saco algo que se puede aplicar para la vida en alguna situación concreta , a la vez que me produce mucha nostalgia porque últimamente ando algo absorto en mis cosas pensativas. Si le pudiera dar un giro contemporáneo/abstracto a esta obra —o mejor dicho, a las primeras pinceladas armoniosas de la misma , el que construyó esta historia y que todo el mundo conoce—, podría aventurarme a algo así: En un lugar del ciberespacio, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivíamos yo y vosotros, en ese orden, enfrente del mismo. No me quiero acordar porque en este espacio existen monstruos y personajes malignos que nos intentan meter el veneno del lado oscuro para convertirnos en siervos del mismísimo mal. En ese mal chapoteamos yo y vosotros, en ese orden, y lo que antes parecía algo sacado del futuro ahora está aquí, presente, intentando imponer su verdad, que en realidad...

164 - El perfume de la revolución: cuando Lancôme se cruza con Stalin

  Construir historias imaginarias es mi cable a tierra. Me ayuda a despertar la mente y a evitar que mi sistema cognitivo termine en el punto limpio, entregando las credenciales antes de tiempo. En las viejas películas de Tarzán lo llamaban «el cementerio de elefantes», pero hoy no he querido ser tan dramático. Todo este delirio —que parece parido por el mismísimo realismo mágico— surge tras cazar al vuelo dos frases en la calle: «olfato fino» y «olor a proletario» . A veces siento que el mundo me lanza conceptos para que yo los recoja y construya con ellos historias rocambolescas. Historias que, aunque parezcan no tener pies ni cabeza, me obligan a pensar, a escribir y a vivir a un ritmo diferente. Uno que no sea el de nacer, crecer, multiplicarse y morir... como las cucarachas. Esta es la mini historia: Ella es de olfato fino. De las que captan tanto lo existente como lo imperceptible. Tiene lógica: se ha criado en el pasillo de los perfumes caros de El Corte Inglés. Él, en camb...

163 - El club de la ducha

Llega la época estival —ese eufemismo para no decir que nos vamos a asar vivos— y el transporte público empieza a convertirse en una sucursal del mismísimo infierno. Cada tarde después de trabajar, metido en el vagón de metro, no puedo evitar ponerme nostálgico. Recuerdo cuando era chico y mi madre me llevaba a El Corte Inglés. Ella era muy de El Corte Inglés, las cosas como son. Nada más entrar, la planta baja te recibía con todos los grandes perfumes de marca del mercado. Aquello era una sinfonía de fragancias caras que me hacían viajar olfativamente por todo el globo. Para mí, aquello era el descubrimiento de un nuevo continente. Al fin y al cabo, yo era un zagal de pueblo cuyo mapa olfativo se limitaba, como mucho, a las vacas de David o de Santiago, o a las ovejas de Anselmo. Así que entrar allí suponía una depuración interior de mi cuerpecillo que me venía la mar de bien. Es más, cuando volvía al pueblo, los amigos me decían que traía "hasta mejor color". El poder del l...