Estamos presenciando la desaparición de una tecnología fundamental frente al avance del estándar DAB+, la radio digital. Tras el precedente de la SER, RNE se despedirá a finales de este mes de una tecnología histórica; una decisión que, a mi juicio, constituye un error estratégico.
La emisión digital DAB+ conlleva una dependencia crítica de infraestructuras externas. Si la red colapsara por factores internos o externos, la señal simplemente se interrumpiría. Esto no ocurre con la Onda Media (AM), cuya robustez reside en su simplicidad: la señal viaja directamente desde el centro de producción al repetidor sin intermediarios vulnerables.
Este sistema es un elemento clave para la vertebración del territorio, dado su gran alcance y su capacidad para sortear obstáculos geográficos. Su desaparición perjudicará, sobre todo, a la España rural —donde me incluyo—, la señal de FM es deficiente o inexistente.
Desde una perspectiva institucional, el Gobierno no debería permitir que la radio pública abandone estas emisiones. En cuanto al sector privado, lo lógico sería licitar las frecuencias vacantes; en otros países, estas concesiones no solo sobreviven, sino que lideran índices de audiencia. Resulta paradójico que los concursos públicos prioricen emisoras musicales con menor calidad de sonido con la OM, pero esto ha cambiado gracias al potencial de la tecnología DRM (Digital Radio Mondiale), la evolución digital de la AM por la cual España, lamentablemente, no ha apostado.

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