Si la evolución humana hubiera dependido de mí abriendo cualquier cosa, hoy seguiríamos estando en el árbol y haciendo ruidos guturales para comunicarnos. Es cierto que, actualmente, tal como están las cosas de la evolución y viendo a determinados votantes de la extrema derecha, muchos, por no decir miles, siguen en el árbol o en la parra.
No me ha dotado la madre naturaleza para montar cosas ni para abrir cualquier envoltorio, tanto si se trata de un regalo como si se trata de otra cosa. La paciencia la perdí en el momento en que, por unas razones o por otras, he tenido que prestar mis servicios laborales a los reyes de la gestión, como los del PP. Con ellos me di cuenta de que cualquiera puede dedicarse a la política siempre y cuando sepas lamer los ojales necesarios para ir ascendiendo, y hacerlo repetidas veces aunque esto te cueste una humillación diaria.
Aclarando estos asuntos que me parecen trascendentales, he llegado a pensar, he llegado a reflexionar, he llegado a filosofar, que es más fácil abrir una botella de lejía que un maldito Chupa Chups. Os confieso que me encanta; esos de crema, nata, vainilla, y Coca-Cola... que me regala mi Churriskaya (forma soviética de llamar a mi camello). Sus adictivas mezclas hacen de mí un ser inerte no compatible con la vida.
Pues bien, para abrir un artefacto de estos de chupa y rasga, necesito a los TEDAX de la Guardia Civil porque, o tiro de cuchillo, llave y clips, o soy incapaz de abrir mi droga diaria. ¡No hay forma! Cuando carezco de estos artefactos tengo que tirar de dientes, porque si no, me veo chupando hasta el envoltorio.
Es una lucha diaria, pero ese sabor, ese azúcar concentrado, me ayuda a pasar el día.

No hay comentarios:
Publicar un comentario