No, no es como la graciosa peli de Jacques Tati, Día de fiesta (1949). Tampoco es uno de esos días borrascosos de verano o principios de otoño. Para mí , es un día horroroso de radiografía por problemas lumbares... La edad, ya sabes, no perdona, por eso nos jubilan. Tengo una aversión natural al médico, y más aún a que me miren por dentro con esos aparatos tan feos. Si no recuerdo mal, me habré hecho unas tres radiografías en mi vida. La primera fue de niño, porque mi madre , que era una gran madre, creía a ciegas en la medicina moderna. Sinceramente, si hubiera tenido un aparato de rayos en casa, después de la merienda, al volver del colegio, nos habría hecho una a diario. Lo más parecido a esa técnica de diagnóstico era una cosa rarísima: un aparato enorme al que teníamos que subirnos, pegar el pecho a un cristal opaco, un fogonazo y listo. Esa fue en la escuela, como llamábamos al colegio los que somos de pueblo. La siguiente fue en la mili , y todavía acuerdo...
Palabras, solo palabras.