El inicio del cine para adultos en la televisión de este país se lo debemos, sin duda alguna, al Canal+ . Gracias a esa bendita señal codificada, pasamos de la escasez de movimiento y del gemido mudo en las revistas que escondíamos bajo el colchón, a ver el porno "con movimiento"... pero sin sonido. Y fue sin sonido porque, en aquella España de los noventa, nosotros no éramos precisamente la élite financiera. No podíamos permitirnos el lujo de pagarle la mensualidad al señor Polanco (aquel a quien José María García bautizó como "Jesús del Gran Poder"), a quien le endosaron esta tele gracias a la mano —del ahora facha— de Felipe González . Mi bautismo en esta disciplina, que para nosotros era casi un deporte olímpico de agudeza visual, lo compartía con mis amigos cada viernes noche. A eso de las doce o la una de la mañana, allí estábamos. Entre raya y raya de interferencia, intentábamos vislumbrar lo que parecía ser una vagina sedienta de sexo o un pene de dimens...
Palabras, solo palabras.