domingo, 7 de junio de 2026

165 - En un lugar de......




Siempre me ha parecido mágico el inicio del maravilloso libro del Quijote de la Mancha. Lo he leído dos veces y siempre saco algo que se puede aplicar para la vida en alguna situación concreta, a la vez que me produce mucha nostalgia porque últimamente ando algo absorto en mis cosas pensativas.

Si le pudiera dar un giro contemporáneo/abstracto a esta obra —o mejor dicho, a las primeras pinceladas armoniosas de la misma, el que construyó esta historia y que todo el mundo conoce—, podría aventurarme a algo así:

En un lugar del ciberespacio, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivíamos yo y vosotros, en ese orden, enfrente del mismo. No me quiero acordar porque en este espacio existen monstruos y personajes malignos que nos intentan meter el veneno del lado oscuro para convertirnos en siervos del mismísimo mal.

En ese mal chapoteamos yo y vosotros, en ese orden, y lo que antes parecía algo sacado del futuro ahora está aquí, presente, intentando imponer su verdad, que en realidad es una mentira repetida millones de veces. Es por eso que, lanza en ristre y mi escudero gordinflas —que en realidad somos el mismo, uno y bino, del latín ¡cuánto tenéis que aprender de la lengua de Séneca!, que es un auto de fe en realidad—, me enfrento a los gigantes de los megabytes sin pensarme dos veces las consecuencias que puedan acarrearme. Y sí, sí me las acarrea, porque acabo magullado en las aspas de los molinos, formadas por cientos de personas que defienden verdades absolutas que no existen pero que, otra vez, repetidas tantas veces, parecen la verdad.

Viajo o navego, que es lo mismo, sin un mapa ni un sextante que me oriente en la noche, en esta noche que a veces me parece eterna y fría. Y cojo nuevos caminos, decido dónde ir en las encrucijadas de los mismos, porque la aventura está llena de decisiones, algunas dolorosas y otras "non". Me dan muchas ganas de hablar hasta con los grillos, si fuera entendible para su idioma, porque seguramente me contarían cosas más interesantes que las que me pueda contar el ser humano; que, aunque hablemos un idioma idéntico, hace tiempo que he dejado de entenderle por salud mental.

Sancho y yo, que como he dicho antes somos uno mismo, hablamos de cosas curiosas y lo que dice uno puede contradecirlo el otro. Si yo digo A, él dice B y viceversa; es lo que tiene tanta vida interna o tanta clausura que cada uno se autoimpone para apartarse del ruido ensordecedor de fuera. Porque todo era armonía ahí fuera y ahora no lo es. Es por esto que hay que seguir trotando con mi famélico Rocinante  en busca de mi Dulcinea, que bien puede ser una persona como puede ser una ínsula. Sea lo que sea, siempre será un lugar más apacible que este.

 

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