Es un hecho indudable: desde que el Régimen del 78 irrumpió en nuestras vidas, el saqueo de la propiedad pueblo no ha dado tregua. Y que nadie se equivoque: señalar esto no es defender el franquismo, ni mucho menos. Lo que denuncio es que, tras una dictadura sanguinaria, en lugar de conquistar derechos reales, nos empujaron hacia un ultra-Lliberalismo salvaje y devorador que hoy nos quita la salud y el futuro. Este saqueo ha contado con la cobertura perfecta: la legalidad. Bajo el amparo de leyes hechas a medida, las joyas de la corona —Telefónica, Endesa, Repsol, Enusa, Auxini, Enosa, Indra, SEAT y Enasa— todas ellas del INI (Instituto Nacional de Industria) fueron malvendidas a precio de saldo. Cayeron en manos de amigotes de farra que, a cambio de estas gangas, financiaron las campañas de esta democracia liberal podrida, entre putas y farlopa, fiestas y yates. Porque no nos engañemos: en este sistema, el libre mercado y el capitalismo son solo los nombres elegantes de l...
Palabras, solo palabras.