viernes, 13 de marzo de 2026

145 - De la azada al «Press de Banca»: Crónica de un declive.


 Andaba yo absorto en mis pensamientos marxistas-leninistas cuando, por algo que no viene al caso, se me pasó por la cabeza el mundo masculino del gimnasio; su pavoneo, su época de celo y, cómo no, el posible apareamiento con su mismo género o con el contrario.

Y es curioso que el gimnasio masculino esté lleno de calvos y personajes bajitos que, debido a su estatura, tienen algún tipo de complejo, por lo que sea.

En mi juventud estas cosas eran escasas; es decir, que no existían, al menos donde yo merodeaba en aquellos años. El que quería ponerse como el Pitufo Fortachón cogía dos piedras, las elevaba cien veces y poco más. Es cierto que con la modernidad nos iban llegando personajes que a nosotros, desde nuestra cultura agraria, nos parecían una gilipollez. Aún recuerdo que a aquellos chicos veraneantes que venían de la capital, Madrid, se les iba notando algún tipo de bulto en el tren superior, a lo que nosotros respondíamos con: «anchos de espalda y estrechos de culo, maricón seguro» o «molla grande, polla chica». Pido perdón por el lenguaje, afortunadamente nada aceptado ahora, pero me crié —y sé que esto no justifica nada— en una sociedad «pollaegoncéntrica» de machos sementales que intentaban aparearse con cuantas más hembras, mejor.

Y ahora... ahora son (porque yo soy atlético-pícnico) una sociedad de hombres perfectamente formados. Es cierto que mucho bajito está más apaisado que otra cosa por la gran cantidad de músculos que atesoran esos pocos centímetros cuadrados de torso, piernas y brazos. También es cierto que hay mucho guarro sudoroso que no se ducha ni aunque llueva, que va dejando sus miasmas como una mofeta por todo el entorno. Puede ser que ellos confundan ser unos cerdos con las feromonas que, según diversas teorías nada contrastadas, atraen a las féminas deseosas de sexo salvaje. Afortunadamente ellas, que son más listas que nosotros los becerros, nos dan mil vueltas en este tipo de lances del amor y no caen en las garras de ceporros sudorosos y algo repulsivos.

Hay otra teoría a la que estoy dando vueltas que viene a decir que, si uno desarrolla una gran musculatura, la proporción áurea (es decir, el equilibrio y armonía perfectos) se rompe, y tu pilila pierde capacidad de asombro externo ante un observador pasivo. Una desgracia, porque en los gimnasios, que yo sepa, no hay un «aparato» que te fortalezca o te alargue el aparato, a no ser que en la Teletienda aún exista ese «aparato» que alargaba el «aparato», que fue un éxito de ventas conocido como el Jes Extender que, como dice la palabra en inglés, te extiende la manguera a semejanza de una manguera enrollada antiincendios de esas que hay en las paredes de los edificios públicos.

Desde que en la sociedad se ha introducido el deporte de manera abrumadora, somos más tontos porque hemos pasado del deporte como cultura física a un escaparate de hombres carentes de cerebro.

Si Narciso levantara la cabeza......


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