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Mostrando las entradas etiquetadas como MIS COSAS

173 - El nuevo ciclismo de baja intensidad

  Es verano, tiempo de hacer gilipolleces que no haces durante el duro invierno. Este año me ha dado por arrastrarme por la carretera con mi bici Decathlon de más de veinte años y más de veinte kilos de peso, gracias a los extras añadidos por mí, como un transportín para las alforjas ( no confundir con la película Trainspotting, del director Danny Boyle ) y una pata de cabra que, por lo que sea, siempre se me caía al suelo. Total, si sumamos pesos, hay que añadir a esos veinte kilos el sobrepeso propio de los vicios adquiridos de engullir oreja y torreznos: puedo estar hablando de que desplazo casi cien kilos de nada. Por eso lo llamo «ciclismo de baja intensidad» , porque a la vez que das pedales arrastras la lengua por el asfalto. Soy hombre de carretera, si de ciclismo hablamos, porque en el campo, por lo que sea, siempre termino pinchando, que fue precisamente una de las causas por las que dejé este noble deporte. No es solo que pinchara todos los fines de semana que salía a pe...

168 - La Playa

¿Te acuerdas de la película La playa ? Hay un momento exacto que tengo grabado en la mente: cuando el personaje de Leonardo DiCaprio llega por primera vez a esa isla oculta. Ese instante bucólico donde, de repente, te encuentras contigo mismo o con algo superior. Hablo de ese gesto de locura. Ese que nos dice que, por fin, has llegado exactamente a donde querías llegar. El gesto de sentir, con absoluta certeza, que estás en tu lugar en el mundo. Ese estado de paz mental es el que intento mantener a diario. Y es el espíritu con el que quiero pisar cualquier playa, de cualquier lugar. Si pudiera personificar a la playa, me sentaría frente al mar para hablarle y decirle: «Eres mi lugar en el mundo otra vez, o tantas veces como haga falta. No quiero salir de aquí. Déjame estar, solo te pido eso, nada más». A veces pienso en la magia de ese instante. Caminas entre hierbas tan altas como tú, abriéndote paso en lo desconocido, cuando de pronto se abre un claro inesperado. Un rincón donde no e...

167 - Don Quijote me abandonó, cambió su lanza por un tractor, harto ya.....

  Atravesé la eternidad Y descubrí Tras una nube a alguien Un caballo con alas se acerca a mí ¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí? Has de saber que yo soy Rocinante Vivo alejado el coche me desplazó ¡Don Quijote me abandonó! Cambió su lanza por un tractor Harto ya Pobre hidalgo, cómo luchó Quiso cambiar el mundo con sus sueños No comprendieron, se rieron de él Dulcinea le convenció Con Sancho Panza montaron un negocio Una tienda de accesorios para el tractor ¡Don Quijote me abandonó! Cambió su lanza por un tractor Harto ya Hiciste bien en quedarte aquí En este valle de paz Todas las cosas que aquí ya no están Acompañan tu soledad Todo lo bello lo he visto aquí No necesitas más Tal vez quieras venir conmigo En este viaje infinito Vente conmigo, buen rocinante A descubrir lo eterno Bate tus alas al viento Iré contigo más allá, aah, aah, aah, aah No podía dejar pasar más días sin hablar de ese lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, ni de divagar sobre las muchas cosas que ...

163 - El club de la ducha

Llega la época estival —ese eufemismo para no decir que nos vamos a asar vivos— y el transporte público empieza a convertirse en una sucursal del mismísimo infierno. Cada tarde después de trabajar, metido en el vagón de metro, no puedo evitar ponerme nostálgico. Recuerdo cuando era chico y mi madre me llevaba a El Corte Inglés. Ella era muy de El Corte Inglés, las cosas como son. Nada más entrar, la planta baja te recibía con todos los grandes perfumes de marca del mercado. Aquello era una sinfonía de fragancias caras que me hacían viajar olfativamente por todo el globo. Para mí, aquello era el descubrimiento de un nuevo continente. Al fin y al cabo, yo era un zagal de pueblo cuyo mapa olfativo se limitaba, como mucho, a las vacas de David o de Santiago, o a las ovejas de Anselmo. Así que entrar allí suponía una depuración interior de mi cuerpecillo que me venía la mar de bien. Es más, cuando volvía al pueblo, los amigos me decían que traía "hasta mejor color". El poder del l...

160 - Jubilación por apariencia, llegará, claro que llegará.

  Todo está por llegar. Absolutamente todo lo novedoso —y absurdo— que la política posmoderna sea capaz de inventarse, llegará. Solo es cuestión de sentarse a esperar para comprobarlo. Yo, que soy un visionario, me aventuro a profetizar un futuro distópico: la venidera jubilación ya no será por edad, sino por pura y dura apariencia. Un tribunal gerontocrático decidirá, a ojo de buen cubero, si estás en condiciones de colgar las botas o no. Darán exactamente igual los achaques que arrastres; dará idéntico dolor de cabeza el año de nacimiento que indique tu DNI. Si el tribunal te ve con cara de "jovenviejo", te mantendrán picando piedra en el tajo hasta que tu aspecto cambie de verdad... o hasta que la palmes, lo que ocurra primero. Ya me veo ahí, plantado delante de ese comité de sabios, enseñando las muelas como los pollinos en una feria de ganado. Me imagino a los funcionarios midiendo el porcentaje de arrugas que tengo en la cara (porque a trabajar habrá que ir vestido, dig...

158 - Es más fácil abrir una botella de lejía que un Chupa Chups

  Si la evolución humana hubiera dependido de mí abriendo cualquier cosa, hoy seguiríamos estando en el árbol y haciendo ruidos guturales para comunicarnos. Es cierto que, actualmente, tal como están las cosas de la evolución y viendo a determinados votantes de la extrema derecha, muchos, por no decir miles, siguen en el árbol o en la parra. No me ha dotado la madre naturaleza para montar cosas ni para abrir cualquier envoltorio, tanto si se trata de un regalo como si se trata de otra cosa. La paciencia la perdí en el momento en que, por unas razones o por otras, he tenido que prestar mis servicios laborales a los reyes de la gestión, como los del PP. Con ellos me di cuenta de que cualquiera puede dedicarse a la política siempre y cuando sepas lamer los ojales necesarios para ir ascendiendo, y hacerlo repetidas veces aunque esto te cueste una humillación diaria. Aclarando estos asuntos que me parecen trascendentales , he llegado a pensar, he llegado a reflexionar, he llegado a f...

155 - Quiero ir a gimnasio para tatuarme los gemelos

No soy hombre de gimnasio. Dios no me dotó de paciencia, ni de constancia, ni mucho menos de la genética necesaria para lucir unos gemelos dignos de ese nombre. Me otorgó los músculos justos para mantenerme de pie y desplazarme con cierta dignidad, nada más. Sin embargo, a veces me asalta el deseo de ir al gym . No por salud, sino por estética identitaria: quiero tatuarme algo en los gemelos que me identifique como un hombre de nuestro tiempo. Pero claro, la anatomía manda: o tienes los gemelos duros, o lo único que puedes tatuarte es un espárrago de Tudela con denominación de origen. Barajo varias opciones para el diseño: una tela de araña, una garra, la bandera imperial japonesa, un código de barras o incluso mi número de DNI por si me pierdo. Pero entonces aparece el gran dilema: ¿Realmente merece la pena basar mi dieta en pechuga de pollo, arroz blanco y cagar duro solo por un dibujo? Es renunciar a demasiado. No sé si estoy dispuesto a sacrificar mi tránsito intestinal solo por lu...

151 - Elogio a la pereza: El arte de no hacer nada (y hacerlo mejor)

  Soy un firme defensor de la pereza. No hablo de la desidia gris, sino de esa fuerza que nos hace hombres y mujeres libres . La pereza es el caldo de cultivo de la creatividad; revitaliza las constantes vitales y nos regala esa observación privilegiada que solo se obtiene desde una perspectiva horizontal o  diagonal. Porque, nos guste o no es otra forma de ver y entender el mundo. En este planeta de velocidades infinitas y productividad tóxica, la pereza es un derecho fundamental. Es nuestra pausa obligada, nuestro momento reflexivo. Es ese alivio casi espiritual, comparable a cuando vas al baño a "hacer de vientre" y todo fluye sin el drama de un estreñimiento ocasional o no. Simplemente, la vida y las heces,  corren como pasan los trenes por la línea 6 del Metro de Madrid en hora no punta. Sus militantes seguidores somos, en realidad, los grandes perfeccionadores de los procesos productivos. ¿Por qué? Porque somos capaces de simplificar cualquier tarea hasta el absurdo...

150 - La reina del LIDL

    El viejo grupo musical conocido como Topo tiene una canción titulada "La reina del vagón" , a la que siempre que puedo hago referencia porque me produce cierta nostalgia "tristológica". Efectivamente ella, a la que hace referencia la letra, era la auténtica reina de la red de Metro de Madrid; lo que pasa es que ahora, ajustándola al consumo social desenfrenado, es "la reina del Lidl" , que es de lo que yo quiero hablar. Como sabéis, esta red de supermercados es alemana, lo que significa que nos ofrece no solo comida, sino también cachivaches: máquinas de esas que se enchufan, destornilladores o una manta térmica para las duras noches de invierno (algunos alemanes y otros no, que quede claro). Uno puede entrar a por un kilo de naranjas de zumo y llevarse un juego de destornilladores Casal para su casa sin pensar si los necesita o no. Pues bien, de quien os hablo es de alguien ficticio. Este título sugerente me ha hecho concebir una historia, porque llam...

148 - Peligros nocturnos: Las incompatibilidades más extremas entre pijama y sábanas

El mercado actual nos ofrece un universo de posibilidades para el descanso; opciones impresionantes y, afortunadamente, al alcance de cualquier bolsillo. Sin embargo, nadie nos advierte de que existen combinaciones que son, sencillamente, un atentado contra la integridad física . Hay cosas que son prácticamente incompatibles, como por ejemplo el pijama y las sábanas de franela. A priori, parece el plan perfecto para las largas y duras noches del infierno invernal, pero la realidad es que resultan incompatibles a todas luces. Uno se da cuenta del error cuando intenta girar para ponerse del otro lado; y yo, que me muevo mucho, lo encuentro un suplicio. En ese movimiento te traes contigo todas las sábanas —incluida la bajera, también de franela— en un efecto tsunami , dejando de repente tu espalda y el trasero desguarnecidos ante el ataque del frío. Para que lo entendáis: es como si tu pijama y tus sábanas estuvieran hechos de velcro y una fuera la parte opuesta a la otra. Sencillamente h...

145 - De la azada al «Press de Banca»: Crónica de un declive.

  Andaba yo absorto en mis pensamientos marxistas-leninistas cuando, por algo que no viene al caso, se me pasó por la cabeza el mundo masculino del gimnasio; su pavoneo, su época de celo y, cómo no, el posible apareamiento con su mismo género o con el contrario. Y es curioso que el gimnasio masculino esté lleno de calvos y personajes bajitos que, debido a su estatura, tienen algún tipo de complejo, por lo que sea. En mi juventud estas cosas eran escasas; es decir, que no existían, al menos donde yo merodeaba en aquellos años. El que quería ponerse como el Pitufo Fortachón cogía dos piedras, las elevaba cien veces y poco más. Es cierto que con la modernidad nos iban llegando personajes que a nosotros, desde nuestra cultura agraria, nos parecían una gilipollez. Aún recuerdo que a aquellos chicos veraneantes que venían de la capital, Madrid, se les iba notando algún tipo de bulto en el tren superior, a lo que nosotros respondíamos con: «anchos de espalda y estrechos de culo,...

144 - Oda a la lata azul: El ungüento que todo lo cura (y que casi nos cuesta la piel)

Olvidaos de la rueda, la penicilina o internet. El verdadero hito de la humanidad es la Nivea de lata azul . Si tienes más de 30 años, sabes de lo que hablo: ese objeto circular que en casa de nuestras madres no era una crema, era una religión. En mi época de infante, mi madre la usaba para TODO . ¿Que llegaba el verano? Nivea para protegerte del sol (aunque el concepto "factor de protección" no existiera en su diccionario). ¿Que te quemabas como un gambón en chiringuito? Más Nivea. Pero el nivel experto llegaba cuando las madres querían ponerse morenas: mezclaban la crema con Mercromina y se ponían a tostarse al sol. Aquello no era un bronceado, era una reacción química digna de Breaking Bad . Esta crema es la auténtica navaja suiza. Hasta tal punto llegaba la devoción de mi madre por este "Bálsamo de Fierabrás" que —y juro que esto es verídico— cuando yo le decía que la cadena de mi bici hacía ruido porque estaba más seca que un campo de Castilla en agosto, ella,...

141 - Arqueología del deseo: Cuando Canal+ era un test de Rorschach para salidos como nosotros

  El inicio del cine para adultos en la televisión de este país se lo debemos, sin duda alguna, al Canal+ . Gracias a esa bendita señal codificada, pasamos de la escasez de movimiento y del gemido mudo en las revistas que escondíamos bajo el colchón, a ver el porno "con movimiento"... pero sin sonido. Y fue sin sonido porque, en aquella España de los noventa, nosotros no éramos precisamente la élite financiera. No podíamos permitirnos el lujo de pagarle la mensualidad al señor Polanco (aquel a quien José María García bautizó como "Jesús del Gran Poder"), a quien le endosaron esta tele gracias a la mano —del ahora  facha— de Felipe González . Mi bautismo en esta disciplina, que para nosotros era casi un deporte olímpico de agudeza visual, lo compartía con mis amigos cada viernes noche. A eso de las doce o la una de la mañana, allí estábamos. Entre raya y raya de interferencia, intentábamos vislumbrar lo que parecía ser una vagina sedienta de sexo o un pene de dimens...

140 - De los cuarteles a la eternidad: Mi viaje con Peter Gabriel

Mi romance musical con Peter Gabriel comenzó allá por el año 84, bajo el cielo de Santander y entre el humo de los "petardos" del Malaguita. El Malaguita era mi compañero de armas, un tipo de una anodina sencillez que seguramente no pasará a la historia por nada, pero que en su mundo de porros y paz era plenamente feliz. No daba guerra alguna; de hecho, siempre tuve la sensación de que era la mascota oficial del centro de transmisiones militares de la Capitanía General de Burgos, la VI, concretamente. Allí, día sí y día también, nos "torturaba" con el legendario álbum en directo Plays Live . Quién me iba a decir a mí que aquella tortura se acabaría convirtiendo en mi religión. Me desvío. Peter Gabriel, junto al gran Franco Battiato , han sido los arquitectos que me han permitido soñar con futuros floridos y hermosos. Si de Battiato aprendí a amar la música clásica, de Gabriel absorbí los ritmos del mundo, la obsesión por la calidad y, en última instancia, el vicio ...

119 - Me hubiera encantado ser tirador de faltas en el fútbol

  He de reconoceros que siempre fui un auténtico «paquete» jugando al fútbol . Nadie me quería en su equipo; siempre acababa siendo el último en ser elegido para formar parte de alguno de los dos bandos contendientes. Era malo, pero de solemnidad. Cuando ya no quedaba más remedio que seleccionarme —simplemente porque no había nadie más—, me mandaban a la portería, ya que esa era la posición que nadie deseaba. Para más inri, era tan cobarde que, en cuanto me chutaban con fuerza, me apartaba. Tal era mi incompetencia que en los juegos escolares, a los cuales no faltaba ni un solo sábado, mis compañeros preferían jugar con diez antes que incluirme; decían que no servía ni para estorbar. Y no penséis que por no ser un buen deportista me iba mejor en los estudios. Nada más lejos de la realidad: era un gran zoquete en todas las disciplinas. Si tuviera que describir mi mocedad, diría que era extremadamente delgado (nada que ver con mi aspecto actual) y que llevaba botas ortopédicas para c...

115 - Por dos cosas me noto yo que me estoy haciendo mayor

  Que pasen los años es algo bueno, pero también me doy cuenta de que me estoy haciendo mayor, y uno se resiste a ello, excepto para la jubilación (la cual estoy deseando como agua de mayo). Hay dos marcadores del paso del tiempo, y veo que la música ya no suena igual, y no estoy hablando de las erecciones mañaneras. Uno de ellos es la velocidad a la que uno cruza los pasos de cebra. Antes, con veinte años, uno lo hacía deprisa, aun viniendo un coche, las extremidades me respondían al momento (parecíamos recortadores de esos de la tauromaquia , y es verdad que algún que otro amigo sufrió alguna que otra cornada de algún SEAT 127), pero ahora mi mente me dice que puedo, pero me he dado cuenta de que no, que el tiempo es como más eterno, o para que me entendáis, es como si hicieses cola en el SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal). Y otra, y no menos importante, es cuando iba yo a miccionar de joven; tardaba yo cero coma en desembalsar la vejiga en un mínimo tiempo. Tenía la mism...

111 - Día de furia

   El otro día he de confesaros que tuve mi día de furia por un cúmulo de circunstancias ajenas a mi personilla. Estoy en una época de mi vida que empiezo a ser asocial, no quiero relacionarme con mis semejantes, bueno con los muy allegados sí, pero con el resto de la humanidad no. En el mundo del trabajo cada vez entiendo menos a la clase trabajadora . Van a lo suyo, y eso que estoy metido en el mundo sindical. Solo me mantiene en pie, por no decirles a todos: que os den por el orto, San Marx, San Lenin y que mi cabeza haya sido capaz de construir una figura de carácter militar que yo llamo: El obrero desconocido, el cual idealizo creyéndome que es un obrero estajanovista, disciplinado en los principios básicos del marxismo , defensor de lo colectivo por encima de lo individual y por supuesto solidario. Si no se me saldrían los hombros de su sitio de los cortes de manga que les iba a dar a estos becerros. Los pensamientos destructivos de la sociedad que tengo me hacen pensa...

104 - DÍA DE RAYOS

    No, no es como la graciosa peli de Jacques Tati, Día de fiesta (1949). Tampoco es uno de esos días borrascosos de verano o principios de otoño. Para mí , es un día horroroso de radiografía por problemas lumbares... La edad, ya sabes, no perdona, por eso nos jubilan. Tengo una aversión natural al médico, y más aún a que me miren por dentro con esos aparatos tan feos. Si no recuerdo mal, me habré hecho unas tres radiografías en mi vida. La primera fue de niño, porque mi madre , que era una gran madre, creía a ciegas en la medicina moderna. Sinceramente, si hubiera tenido un aparato de rayos en casa, después de la merienda, al volver del colegio, nos habría hecho una a diario. Lo más parecido a esa técnica de diagnóstico era una cosa rarísima: un aparato enorme al que teníamos que subirnos, pegar el pecho a un cristal opaco, un fogonazo y listo. Esa fue en la escuela, como llamábamos al colegio los que somos de pueblo. La siguiente fue en la mili , y todavía  acuerdo...

89 - El Tour de France y mi eterna "tête de la course" (o la falta de ella)

  Ahora que el Tour de France ha invadido mi televisor y la frase " tête de la course " parpadea sin piedad, me veo arrastrado, casi sin quererlo, a la más absurda de las reflexiones. Y es que, queridos amigos, en esta vida, jamás de los jamases he sido eso, una "cabeza de carrera" . Ni por asomo. Debe de ser la leche, la verdad, pertenecer a ese selecto club de elegidos, ser el primero en algo. Pero en mi caso, en el glorioso mundo del deporte, fui un fiasco de proporciones épicas. En el fútbol, por ejemplo, no valía ni para estorbar; mis compañeros preferían jugar con diez antes que verme tropezar por el campo. ¿Portero? ¡Ni hablar! Mi innata cobardía, nacida de un instinto de supervivencia que rayaba en lo patético, me impedía ponerme bajo los tres palos. Y mira que no valer ni para portero es humillante, eh. Pero no creas que mi mala suerte se limita al sudor y la competición. Si me salgo de los campos deportivos, la historia es la misma: ¡nunca he sido "tê...

85 - MIS HORROROSOS PANTALONES DE PETO

  Los Pantalones de Peto: Una Pesadilla de la Infancia Ahora, con los años, miro mi infancia y, aunque fue dulce en general, hay pasajes que preferiría olvidar. Hoy los revivo aquí, casi como terapia, para exorcizar una época que aún no he superado: aquella en la que a mi santa madre le dio por ponerme unos pantalones de peto sencillamente horrorosos . Estoy convencido de que no los compró; seguramente alguien se deshizo de ellos, víctimas de algún extraño maleficio, y acabaron en nuestra casa. Mi madre (que en paz descanse, porque era una santa) parecía haber inventado, o al menos ser una ferviente defensora de la "economía circular" ; lo aprovechaba absolutamente todo, y lo que más, esos malditos pantalones de peto. Quizás se pregunten por qué a una persona tan paciente como yo unos simples pantalones de peto le resultaron tan traumáticos. Permíteme  que os lo explique: La Tortura Textil: Cuadros, Cortos y Sin Movilidad Eran unos pantalones verdaderamente malditos , como ya...