viernes, 22 de mayo de 2026

161 - Anatomía del golpe blando en España


 

El análisis de la coyuntura política española actual evidencia un salto cualitativo: no asistimos a un cambio de ciclo ordinario, sino a un golpe de Estado blando o de "nueva era". A diferencia de los métodos del siglo XX —como el baño de sangre de la dictadura pinochetista contra el Chile de Allende, cuya brutalidad física buscaba el shock inmediato—, la reacción actual opera de forma aséptica, sin necesidad de mártires visibles para la opinión pública.

El foco mediático sobre la figura de Zapatero y sus presuntas corruptelas cumple una función estrictamente distractora. Mientras el aparato judicial se encarniza selectivamente, los expresidentes de la derecha burguesa —incluyendo al ala más orgánica del régimen del 78, personificada en González— disfrutan de total impunidad a pesar de haber gestionado desfalcos estructurales infinitamente mayores. Esto no es disfunción; es el comportamiento natural de la judicatura como brazo ejecutor de la burguesía. La jauría de jueces jamás tocará a los suyos, porque el objetivo final del bloque reaccionario es forzar un gobierno de concentración nacional donde los grandes comisionistas del capital —es decir, ellos mismos— gestionen directamente el Estado.

Lo que observamos es una ofensiva coordinada contra los restos de la democracia liberal burguesa, una estrategia donde la superestructura del capital despliega todos sus resortes: las corporaciones del IBEX 35, los aparatos represivos del Estado (Policía y Guardia Civil), el monopolio de los medios de comunicación oligárquicos que proliferan como las ratas, y, en la cúspide, el poder judicial. La oligarquía financiera ha refinado sus métodos de dominación: han aprendido a expropiar al pueblo mediante la legislación y a doblegar la voluntad de la clase trabajadora sin disparar un solo tiro.

A través de la hegemonía ideológica, el sistema ha domesticado la conciencia de clase a tal nivel de alienación que los obreros terminan votando en contra de sus propios intereses materiales: bien alimentando las filas de la reacción, o bien entregándose a una "izquierda de batucada", una socialdemocracia posmoderna que simula la transformación social pero cuya única función real es canalizar el descontento y gestionar el saqueo de nuestros derechos históricos.

Este proceso de acumulación por desposesión no es azaroso; es la consecuencia lógica de la reconfiguración geopolítica global tras la caída de la Unión Soviética. Todo ha sido tan gradual y sutil que la dictadura del capital ya se ha consolidado bajo formas democráticas. El nivel de asfixia es tal que incluso el PSOE, que históricamente ha operado como el gestor de confianza del capital y garante de la monarquía, hoy les resulta un estorbo estético en su urgencia de acumulación, desatando una cacería política en su contra. Esto nos anticipa un horizonte totalitario liderado por la delincuencia financiera que aspira a gobernarnos.

Para el proletariado, la defensa de la democracia liberal carece de sentido: sus instituciones son la fachada jurídica del capitalismo salvaje y su "libre mercado" es la institucionalización de la corrupción.

Es imperativo que la clase trabajadora analice la realidad material que se despliega ante sus ojos para romper con la falsa conciencia. El diagnóstico es nítido: frente a la decadencia inevitable del capitalismo, la única alternativa histórica y emancipadora es la destrucción del Estado burgués y la construcción del comunismo.

¡Socialismo o muerte! No hay otra vía.

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