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Mostrando las entradas etiquetadas como META HISTORIAS

3 - Pedro, el informático de Melmac

  Toda una vida estaba metida en esa caja roja del demonio. Todo: fotos de mis padres, mías de pequeño, de mis amantes fugaces —aunque estas me daban igual, ya que solo verlas me hierve la sangre por las malas experiencias— e incluso documentos importantes. Pero nada, no había manera de entrar en su interior. No sé la razón por la que este maldito chisme había decidido que hasta aquí había llegado y, la verdad, estaba desesperado. Incluso tenía experiencias cercanas a la muerte de lo mal que una mierda de aparato podía hacerme sentir en mi apesadumbrada vida. Tenía, por una cuestión de supervivencia, que arreglarlo y la solución era fácil: llamar a mi amigo Pedro, que es informático y de los buenos, para que me dijera cómo hacerlo o que se viniera a casa, se tomara unas birras y me lo arreglara. Pero cada vez que viene me atraca la nevera y se bebe hasta el agua de los platos de los tiestos que están por casa, aunque, gracias a Dios, son pocos. Aparte de eso, es un pesado de narice...

2 - Vudú Baby

  Era 20 de agosto; el verano se iba retirando poco a poco, no sin recordarnos que el calor iba y venía a capricho de la naturaleza. Le costaba irse, pero, irremediablemente, tarde o temprano cedería ante el empuje del otoño. Este 20 de agosto era una fecha para olvidar, porque hace algunos años  viví un infierno insufrible; soy una persona muy sentida en estos lances del amor que, como el verano, sucumbe tarde o temprano ante el empuje de la distancia emocional y el olvido impuesto y autoimpuesto. Este día por la mañana recibí una llamada inesperada de un buen amigo —de quien, por razones que no voy a explicar, no diré su nombre— para invitarme a una fiesta un poco extraña. Él sabe de mis correrías amorosas y también sabe que esta fecha del 20 de agosto es un día que desearía borrar de mi memoria para siempre. La fiesta en concreto era un Vudú Baby, un extraño evento posmoderno donde nos adentraríamos en el manejo de esta religión del África occidental, pero muy expandida por...

1 - Tengo 50 años y comparto habitación con una retroexcavadora

  Mi habitación es una habitación al uso. No tiene nada de especial salvo una ventana —como cualquier ventana—, una cama que ya tiene sus años y que siempre está desmelenada, y una televisión de esas finitas de marca desconocida que ni siquiera es una Smart TV ; es decir, una televisión miserable. Ah, y la ropa sucia por todas partes: unos calzoncillos sudados del deporte de la mañana en un rincón, una camiseta colgando del manillar de una bici estática llena de polvo,  desde hace días (bastante pestilente, a decir verdad) y algunos jerséis del invierno pasado colgados de las puertas del armario empotrado. Vamos, la estancia de cualquier joven de hoy en día. Lo que ocurre es que yo tengo ya cincuenta años. Puedo llevar viviendo en esta casa unos veinte años y jamás me había fijado en la retroexcavadora que ocupa la mitad de mi reino, es decir, de mi habitación, que es donde hago mi vida. Es algo extraño, ya que las visitas que han venido a los juegos de amor tampoco me habían ...

165 - En un lugar de......

Siempre me ha parecido mágico el inicio del maravilloso libro del Quijote de la Mancha . Lo he leído dos veces y siempre saco algo que se puede aplicar para la vida en alguna situación concreta , a la vez que me produce mucha nostalgia porque últimamente ando algo absorto en mis cosas pensativas. Si le pudiera dar un giro contemporáneo/abstracto a esta obra —o mejor dicho, a las primeras pinceladas armoniosas de la misma , el que construyó esta historia y que todo el mundo conoce—, podría aventurarme a algo así: En un lugar del ciberespacio, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivíamos yo y vosotros, en ese orden, enfrente del mismo. No me quiero acordar porque en este espacio existen monstruos y personajes malignos que nos intentan meter el veneno del lado oscuro para convertirnos en siervos del mismísimo mal. En ese mal chapoteamos yo y vosotros, en ese orden, y lo que antes parecía algo sacado del futuro ahora está aquí, presente, intentando imponer su verdad, que en realidad...

164 - El perfume de la revolución: cuando Lancôme se cruza con Stalin

  Construir historias imaginarias es mi cable a tierra. Me ayuda a despertar la mente y a evitar que mi sistema cognitivo termine en el punto limpio, entregando las credenciales antes de tiempo. En las viejas películas de Tarzán lo llamaban «el cementerio de elefantes», pero hoy no he querido ser tan dramático. Todo este delirio —que parece parido por el mismísimo realismo mágico— surge tras cazar al vuelo dos frases en la calle: «olfato fino» y «olor a proletario» . A veces siento que el mundo me lanza conceptos para que yo los recoja y construya con ellos historias rocambolescas. Historias que, aunque parezcan no tener pies ni cabeza, me obligan a pensar, a escribir y a vivir a un ritmo diferente. Uno que no sea el de nacer, crecer, multiplicarse y morir... como las cucarachas. Esta es la mini historia: Ella es de olfato fino. De las que captan tanto lo existente como lo imperceptible. Tiene lógica: se ha criado en el pasillo de los perfumes caros de El Corte Inglés. Él, en camb...

159 - La mujer onomatopéyica

  A ella la percibí así en una cola, cualquier cola, o de la cola que haya que hacer para conseguir algo. No hablaba, solo gesticulaba y carecía de lenguaje conocido por seres de este planeta. Quizás en eso resida su encanto, no lo sé, pero sí    captó  mí atención desde el minuto uno de mi insignificante existencia, si hablamos de tiempo geológico. Cara simpática; por esa cara parece que no pasa el tiempo, ¡es atemporal! Es una Gioconda de nuestro tiempo, de este tiempo convulso que nos ha tocado vivir, puesto que refleja alegría y tristeza a la vez. En todo ese gran momento me fijé en la cara de asombro que provocaba en la persona que la estaba atendiendo, ya que no articulaba palabra y todo eran onomatopeyas de todo tipo y condición. Asombrado —porque soy una persona de grandes asombros ante todo aquello que se sale de la pauta—, no la quitaba el ojo. Pensé: este momento lo tengo que inmortalizar porque a esa nueva musa de la neolengua hay que inmortalizarla...

155 - Quiero ir a gimnasio para tatuarme los gemelos

No soy hombre de gimnasio. Dios no me dotó de paciencia, ni de constancia, ni mucho menos de la genética necesaria para lucir unos gemelos dignos de ese nombre. Me otorgó los músculos justos para mantenerme de pie y desplazarme con cierta dignidad, nada más. Sin embargo, a veces me asalta el deseo de ir al gym . No por salud, sino por estética identitaria: quiero tatuarme algo en los gemelos que me identifique como un hombre de nuestro tiempo. Pero claro, la anatomía manda: o tienes los gemelos duros, o lo único que puedes tatuarte es un espárrago de Tudela con denominación de origen. Barajo varias opciones para el diseño: una tela de araña, una garra, la bandera imperial japonesa, un código de barras o incluso mi número de DNI por si me pierdo. Pero entonces aparece el gran dilema: ¿Realmente merece la pena basar mi dieta en pechuga de pollo, arroz blanco y cagar duro solo por un dibujo? Es renunciar a demasiado. No sé si estoy dispuesto a sacrificar mi tránsito intestinal solo por lu...

147 - El sueño de Laura

        Cuando escuché la frase «El sueño de Laura», brotó en mi mente —esa cavidad atormentada por mil y una noches de vigilia creativa, siempre desde la 6 AM,— una historia que amenaza con comenzar ahora mismo. O quizá sea solo un propósito baldío, pues, como ya advertí, navego en una sopa mental de proporciones considerables. El escenario es Barcelona, una de mis ciudades predilectas. La trama se despliega en una de las avenidas que más admiro, la Diagonal, y en el refugio de un hotel lujoso: el Hotel Barcelona Princess . Es un cuatro estrellas de presencia impecable que no conozco, pero al que espero ser invitado tras esta caricia literaria. Aquella noche, una de esas noches cálidas donde el aire pesa, no esperaba a nadie en el vestíbulo. Sin embargo, deseaba intuía (soy un hombre de intuiciones), la aparición de Laura —o de Carmen, Verónica, Virginia, Catalina o Martina; el nombre es lo de menos—. Seguramente  sería impresionantemente bella; había dejado es...

79 - MAÑANITA DE NIEBLA, TARDE DE GIMNASIO

  Como bien sabéis, este puente –el del 1 de mayo y el 2 de mayo–, porque soy de la región más libre del mundo, Madrid, mi chica y yo nos vamos al macizo del Montseny. Y lo tengo todo en la cabeza. Será un plan de rutas de supervivencia por tierras catalanas y será como nunca, porque estoy poniendo todo mi empeño y ahora sí quiero impresionar a mi compañera (la llamo así porque no sé qué tipo de relación tengo con ella, ya que ni siquiera vivimos juntos). Estoy nervioso porque tengo que llamarla ahora mismo, ya que lo tengo todo cerrado con Trivago (nota del autor: quiero hablar de la agencia de los tres veces vagos como yo, algún día) y necesito informarle de la ropa que tiene que llevar y de lo que haremos. ¡Hola, mi amoooor! Hola –contestó ella seca, porque está hasta las narices de este señor que ya entra en la zona senior , mayor de 60. Te quiero decir dónde vamos este puente –dice él, ilusionado. Ah, ja –respondió ella, con la ilusión que puedes imaginar. ¡Vamos al maciz...