jueves, 1 de enero de 2026

121 - Otra de perros




No sé qué imán llevo instalado últimamente, pero parece que atraigo a todos los perros del barrio y, lo que es peor, a sus dueños. El guion siempre es el mismo: el perro viene hacia mí, yo le pido amablemente al dueño que mantenga las distancias, y de repente el ambiente se pone más tenso que en un duelo de western.

Me pasó hace unos días. Iba yo tan tranquilo, con el cuerpo todavía vibrando tras mi sesión de ejercicio, cuando dos perros con cara de no haber roto un plato en su vida decidieron que yo era su nuevo mejor amigo. Con toda la educación del mundo, le dije al dueño —que venía con su pareja y un tercer perro debidamente agarrado— que, por favor, no se acercaran. El hombre llamó a sus fieras y me soltó un "buenas tardes" de compromiso. Pero yo, fiel a mis principios y por mis santos cojones, decidí que no me apetecía devolverle el saludo. Porque sí, porque soy libre de no ser simpático, y más en la Comunidad de Madrid donde la libertad mana por las juntas de los ladrillos de los edificios.

Aquello fue como echar gasolina a una barbacoa. El hombre pasó de "vecino de algún bloque de por ahí ejemplar" a "gladiador de barrio" en cero coma. Empezó el recital: que si era un maleducado, yo le dije que  él lo era más... hasta que llegamos al clímax poético del "hijo de puta, que te parto la cara". Yo, que no me quedo atrás en el arte del debate intelectual, le llamé "payaso" y marcamos el inicio del baile: él vino a por mí, yo fui a por él, pero nos quedamos a medio camino, como en un amago de pelea de instituto.

La descripción  del personaje no tiene desperdicio (en cuanto lo vi, supe que el drama estaba servido).Era el típico ejemplar de "Bajito Acomplejado": bajito de estatura pero ancho de gimnasio, porque hay una ley física no escrita que obliga a los bajitos acomplejados a mazarse hasta que no pueden bajar los brazos. Remataba el outfit con una cazadora bomber y, ¡cómo no!, la bandera de España en el brazo. Ya sabes, de esos que llevan banderas que sugieren que no solo levantan el brazo para pedir un taxi un sábado noche.

Con ese perfil, el "show" venía incluido en el precio. Lo más curioso es que su pareja no abrió la boca. Supongo que la pobre sabe que, si le lleva la contraria, el "patriota" le monta el desfile militar en casa, porque esta gente es así de previsible.

Como reflexión final: estaban mucho más civilizados los perros que el dueño. Quizás la normativa de bienestar animal debería empezar a considerar el bozal obligatorio... pero para ciertos ejemplares de dos patas.

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