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| UNIVERSIDAD LABORAL DE CÓRDOBA |
Madrid —cuna de la excelencia, la libertad, la cerveza, las drogas y el trabajo precario— se ha propuesto un nuevo hito: convertirse en el hub universitario del sur de Europa. El plan es sencillo: impulsar la creación de universidades privadas para atraer alumnos extranjeros mientras, de paso, se expulsa a los vecinos de sus barrios para levantar residencias de estudiantes. Todo sea por ser los mejores del «mundo mundial» en estudios superiores, aunque en la práctica suponga que ahora en Madrid cualquiera puede montar una universidad para sacarle los cuartos a los hijos de los obreros. Tanto es así que, en pago a los servicios prestados a la ínclita Ayuso, hasta el Colegio de Abogados va a recibir la suya propia.
Mientras tanto, la universidad pública languidece. Golpeada por la infrafinanciación crónica del Gobierno regional, camina hacia el mismo destino que nuestra sanidad: quedar relegada como un servicio de beneficencia para gentes sin recursos. Y mejor no hablemos de la supuesta «gratuidad» de la pública; tras el Plan Bolonia, la enseñanza se ha convertido en una auténtica vergüenza económica para las familias trabajadoras.
¡Qué lejos queda aquel modelo de las Universidades Laborales! Eran auténticos centros de excelencia y formación profesional donde el hijo del obrero, si tenía capacidad, podía formarse sin que a sus padres les costase una sola peseta. Allí la aportación del Ministerio de Trabajo de la época, cubría absolutamente todo: desde los libros y el material escolar hasta la ropa de taller e incluso los cortes de pelo. Ese era un modelo de enseñanza real en el que una izquierda de verdad —y no esta «izquierda de batucada» que nos rodea ahora— debería fijarse para reconstruir el sistema.
Luego llegó la modernidad educativa de la mano de Adolfo Suárez y todo lo bueno que teníamos desapareció. Fue el inicio del saqueo, incluyendo el de aquellas residencias de Educación y Descanso que terminaron regaladas a los sindicatos del sistema, CCOO y UGT. Sé perfectamente que aquello era el franquismo y sé que se cometieron atrocidades; no se equivoquen, no apoyo aquel régimen. Pero mi honestidad me obliga a decir que, en el afán del antifranquismo por borrar el pasado, se llevaron por delante estructuras que nos habrían protegido frente al modelo liberal, fagocitador y depredador que hoy devora nuestras condiciones de vida.
Digo estas verdades como puños porque caminamos hacia un abismo que nos venden como progreso. Como decía el himno de los míos: «¡Arriba, parias de la tierra!». Estaré encantado de polemizar con quien haga falta, incluso acepto retarle a duelo.
Pd. Da gusto ver las instalaciones de la Universidad de Córdoba, cuyo nombre era era el de: "Onésimo Redondo" (en la imagen). Creo que recordar que allí se impartían clases sobre agricultura y ganadería al máximo nivel. Una joya.

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