La reciente partida del Santo Padre con su muerte y el Vaticano en sede vacante, aguardando al nuevo sucesor de Pedro, me ha llevado a una reflexión sobre el internacionalismo proletario y el cristianismo, considerando su alcance global. Entendemos el internacionalismo proletario como la convergencia de los problemas y las soluciones marxistas-leninistas para la clase obrera mundial. Personalmente, siento la misma conexión con las dificultades de un compañero de mi empresa que con las de un trabajador en Vladivostok; ambos escenarios demandan una transformación revolucionaria similar. De ahí nuestra firme convicción a una revolución mundial que nos emancipe a escala global, pues no concebimos otra vía. Es curioso observar cómo el cristianismo, particularmente la Iglesia Católica, ya ha logrado una forma de internacionalismo. Los cristianos de todo el planeta comparten una sensibilidad ante el sufrimiento de cualquier hermano de fe, sin importar su ubicación (omitiendo, por ahora, las d...
Palabras, solo palabras.