Somos una economía avanzada, la locomotora de Europa, somos la leche en cuanto a todas estas cosas. ¡Y una mierda!. El mundo y España siguen siendo una castaña pilonga, donde todo es de los ricos y para los ricos. Y así está la red ferroviaria española, donde se están construyendo trenes de una altísima velocidad para las ciudades, para el cosmopolitismo ramplón que nos hace creer lo que no somos. En Madrid queremos ir a la playa de Valencia en una hora y media. A Barcelona a negociar pingües beneficios. A Sevilla porque es una ciudad hermosa. Y mientras, la sociedad de la velocidad y del consumo es observada por la España rural, donde estos megatrenes pasan sin mirar a nadie, porque en el fondo, al lugareño que araña su terruño le importa a los políticos lo que le importa a las personas que van en ese rápido medio de transporte: nada. Desmantelamos los trenes regionales, o entre poblaciones que no son capitales, para que el señorito de la ciudad pueda mojarse los pies en la play...
Palabras, solo palabras.