Los Pantalones de Peto: Una Pesadilla de la Infancia Ahora, con los años, miro mi infancia y, aunque fue dulce en general, hay pasajes que preferiría olvidar. Hoy los revivo aquí, casi como terapia, para exorcizar una época que aún no he superado: aquella en la que a mi santa madre le dio por ponerme unos pantalones de peto sencillamente horrorosos . Estoy convencido de que no los compró; seguramente alguien se deshizo de ellos, víctimas de algún extraño maleficio, y acabaron en nuestra casa. Mi madre (que en paz descanse, porque era una santa) parecía haber inventado, o al menos ser una ferviente defensora de la "economía circular" ; lo aprovechaba absolutamente todo, y lo que más, esos malditos pantalones de peto. Quizás se pregunten por qué a una persona tan paciente como yo unos simples pantalones de peto le resultaron tan traumáticos. Permíteme que os lo explique: La Tortura Textil: Cuadros, Cortos y Sin Movilidad Eran unos pantalones verdaderamente malditos , como ya...
Palabras, solo palabras.