domingo, 19 de julio de 2026

171 - Trabant, la joya automovilística de la Republica Democrática Alemana

 




berlinconfidencial
A ver, el Trabant no era la joya de la corona automovilística de la RDA ni podía competir con las prestaciones del popular Volkswagen "escarabajo" de la RFA. El Trabant tampoco era una necesidad perentoria para los ciudadanos de la RDA por mucho que te cuenten machaconamente los largos períodos de espera para adquirirlo. Pero, con largas esperas o no, el Trabant fue adquirido por miles de alemanes del Este para utilizarlo en el trabajo y en el ocio (por ejemplo, desplazarse hasta lugares de vacaciones como la playa de Warnemünde o el Lago Balatón, en Hungría, donde se veían multitud de familias con "trabbis" -apelativo cariñoso del Trabant-). Y, en cualquier caso, el sindicato FDGB proveía a los trabajadores de alternativas para viajar.

Ir de Berlín Este a Hungría en un "pobretón" Trabant de 26 CV, cargado con la familia y la tienda de campaña, es cierto, era una odisea. Pero esos recuerdos crearon un vínculo emocional con el vehículo que los conductores de Mercedes, BMW o el mismo VW en el Oeste rara vez experimentaban con su felicidad de diseño, mientras la RFA ocultaba la precariedad de los barrios obreros en la cuenca del Ruhr. El Trabant, aunque tardara en llegar, era una meta alcanzable para cualquier trabajador de la RDA, sin miedo a perder el sustento, al contrario que en Alemania Occidental, donde de poco te valía adquirir un "escarabajo" si luego te mandaban a las listas del paro y con una carga financiera de por medio (crédito). En la RDA el desempleo era cero. El Estado garantizaba un puesto de trabajo, lo que daba una tranquilidad psicológica que en la RFA no existía. Y no hay que olvidar varios hechos trascendentales que los propagandistas de la guerra fría suelen omitir: La RDA sufrió más que la República Federal de Alemania por el desmantelamiento de plantas industriales tras la II Guerra mundial y tuvo que hacer frente al pago de reparaciones a la URSS por importes astronómicos: entre 500.000 y 700.000 millones de marcos a precios actuales (sobre la base de los precios de 1944). Dichos pagos afectaron a importantes ramas de la economía nacional, tales como la ingeniería mecánica, la industria química, la óptica y el transporte. A ello hay que añadir que desde principios de los años 50, un embargo occidental sobre materias primas importantes y bienes industriales tuvo graves consecuencias para el desarrollo industrial de la RDA. Así y con todo los germano-orientales tuvieron su "cochecito-leré". ¿Ok?

lunes, 6 de julio de 2026

170 - De la casa de huéspedes al hostels






La posmodernidad nos está regalando maravillas que yo creía ya extinguidas. Pero no. Hemos evolucionado de los piojos de las décadas de los 40, 50 y 60 a los piojos del siglo XXI: más gordos, inmunizados a la química, más sádicos y, por supuesto, diversificados en un catálogo infinito de nuevas especies.

Pues bien, ese mismo progreso parasitario es el que está sufriendo el sector turístico, aprovechando el atontamiento generalizado de una humanidad anestesiada.

Antes existían las casas de huéspedes: antros donde te alquilaban una cama y poco más, y que eran —hablando en plata— una auténtica mierda. Hoy los llamamos hostels. Son exactamente la misma porquería, pero con una capa de pintura pastel, cuatro muebles suecos de contrachapado y un marketing sobrealimentado de «buenrollismo». ¡Y el baño y la ducha compartidos en el pasillo! Como en las corralas madrileñas del año de la polka, pero pagando el precio de un hotel de tres estrellas.

Lo fascinante es cómo nos venden esta indigencia inmobiliaria como algo moderno, europeo, juvenil y digno de un «ciudadano del mundo». ¿Pero de qué mundo exacto? ¿Del tercero? Lo que realmente somos es un ejército de memos balando en el redil de cuatro desaprensivos que se están haciendo de oro a costa de nuestra credibilidad.

La humanidad avanza con paso firme hacia la gilipollez absoluta en un viaje de ida sin billete de vuelta. Yo, queridos amigos, me bajo en la próxima estación.

jueves, 2 de julio de 2026

169 - 60 añazos de Radio Clásica: un oasis sonoro




60 añazos de Radio Clásica de Radio Nacional de España, nada menos. Mi idilio con esta emisora comenzó hace años, atrapado en las kilométricas e insufribles caravanas de la M-40 madrileña. Era el camino diario hacia esa otra tortura llamada "mundo laboral". Harto de sintonizar la SER, RNE, la COPE u Onda Cero, y cansado de escuchar las mismas tonterías de siempre, encontré en la música clásica mi balsa de salvación.

Radio Clásica me conquista, sobre todo, en las noches de verano. Escucharla casi a oscuras, con la única compañía de las estrellas, una suave brisa cálida y —a ser posible— en posición horizontal, es un placer inigualable.

Ahora bien, por las mañanas la cosa cambia. Hay una hora en la que se vuelve insufrible. Hablo de ese programa de peticiones donde la gente llama para pedir "cualquier cosa". Uno asume que, estando en la emisora que están, pedirán música clásica... pero qué va. El personal no se entera y te casca desde una habanera hasta cualquier tema que rompe por completo el espíritu de la cadena. Y es que, cuando le das plena libertad a la gente, te dan unas "turras" de narices. Lo peor es que te toca comerte sus caprichos. Cuando eso ocurre, me mudo a Radio 3 (aunque, para mi gusto, allí hablan demasiado).

Hace poco, un amigo me confesaba que a él le pasa lo mismo en las noches estivales con esta emisora. Eso sí, con una variante muy particular: él la escucha mientras se hurga la nariz como si fuera un arqueólogo  buscando el Arca Perdida. Asegura que el ritual le relaja. Ya se sabe: para gustos, los colores.

Por todo esto, muchas felicidades a Radio Clásica de RNE. Disfrutémosla mientras podamos porque, si Dios no lo remedia y gana la ultraderecha de PP y VOX, me huelo lo peor: o la cerrarán, o nos lavarán el cerebro hablándonos de la grandeza de España, de los Reyes Católicos y de las violaciones de Hernán Cortés y los suyos (explicadas, por supuesto, desde la óptica de "perpetuar la raza ibérica").

O quién sabe, igual terminan regalando sus frecuencias a fieles representantes de la escoria comunicativa como Eduardo Inda, el mejor ejemplo de la basura informativa de este país. Mientras ese día llega, que siga sonando la música.