jueves, 2 de julio de 2026

169 - 60 añazos de Radio Clásica: un oasis sonoro




60 añazos de Radio Clásica de Radio Nacional de España, nada menos. Mi idilio con esta emisora comenzó hace años, atrapado en las kilométricas e insufribles caravanas de la M-40 madrileña. Era el camino diario hacia esa otra tortura llamada "mundo laboral". Harto de sintonizar la SER, RNE, la COPE u Onda Cero, y cansado de escuchar las mismas tonterías de siempre, encontré en la música clásica mi balsa de salvación.

Radio Clásica me conquista, sobre todo, en las noches de verano. Escucharla casi a oscuras, con la única compañía de las estrellas, una suave brisa cálida y —a ser posible— en posición horizontal, es un placer inigualable.

Ahora bien, por las mañanas la cosa cambia. Hay una hora en la que se vuelve insufrible. Hablo de ese programa de peticiones donde la gente llama para pedir "cualquier cosa". Uno asume que, estando en la emisora que están, pedirán música clásica... pero qué va. El personal no se entera y te casca desde una habanera hasta cualquier tema que rompe por completo el espíritu de la cadena. Y es que, cuando le das plena libertad a la gente, te dan unas "turras" de narices. Lo peor es que te toca comerte sus caprichos. Cuando eso ocurre, me mudo a Radio 3 (aunque, para mi gusto, allí hablan demasiado).

Hace poco, un amigo me confesaba que a él le pasa lo mismo en las noches estivales con esta emisora. Eso sí, con una variante muy particular: él la escucha mientras se hurga la nariz como si fuera un arqueólogo  buscando el Arca Perdida. Asegura que el ritual le relaja. Ya se sabe: para gustos, los colores.

Por todo esto, muchas felicidades a Radio Clásica de RNE. Disfrutémosla mientras podamos porque, si Dios no lo remedia y gana la ultraderecha de PP y VOX, me huelo lo peor: o la cerrarán, o nos lavarán el cerebro hablándonos de la grandeza de España, de los Reyes Católicos y de las violaciones de Hernán Cortés y los suyos (explicadas, por supuesto, desde la óptica de "perpetuar la raza ibérica").

O quién sabe, igual terminan regalando sus frecuencias a fieles representantes de la escoria comunicativa como Eduardo Inda, el mejor ejemplo de la basura informativa de este país. Mientras ese día llega, que siga sonando la música.