Es verano, tiempo de hacer gilipolleces que no haces durante el duro invierno. Este año me ha dado por arrastrarme por la carretera con mi bici Decathlon de más de veinte años y más de veinte kilos de peso, gracias a los extras añadidos por mí, como un transportín para las alforjas ( no confundir con la película Trainspotting, del director Danny Boyle ) y una pata de cabra que, por lo que sea, siempre se me caía al suelo. Total, si sumamos pesos, hay que añadir a esos veinte kilos el sobrepeso propio de los vicios adquiridos de engullir oreja y torreznos: puedo estar hablando de que desplazo casi cien kilos de nada. Por eso lo llamo «ciclismo de baja intensidad» , porque a la vez que das pedales arrastras la lengua por el asfalto. Soy hombre de carretera, si de ciclismo hablamos, porque en el campo, por lo que sea, siempre termino pinchando, que fue precisamente una de las causas por las que dejé este noble deporte. No es solo que pinchara todos los fines de semana que salía a pe...
Palabras, solo palabras. DHECCA