A menudo se define a los Estados Unidos —el estandarte del capitalismo global— no como una nación, sino como una "empresa petrolífera con ejército". Es una maquinaria capaz de sostener la fuerza militar más poderosa del planeta para defender un sistema que, en última instancia, prioriza los intereses del gran capital sobre la vida humana.
Pero aquí reside la verdadera joya del análisis: para convencer a esos jóvenes de ir a morir por el sistema, el Estado les ofrece precisamente lo que les niega al resto de la sociedad: socialismo. Sanidad, educación y vivienda garantizada por el Estado, pero solo a cambio de vestir el uniforme y morir por algo que el estado no garantiza.
Si esto no es un síntoma de un sistema de locos, que alguien me explique qué es. Al final del día, la mayor paradoja es que el país que más teme al socialismo es el mismo que lo usa como carnaza para sus soldados.

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