viernes, 24 de abril de 2026

153 - El negocio del "anticastrismo": ¿Arte o propaganda?

 



Si uno quería triunfar fuera de Cuba en el mundo de la música o de la cultura, la receta era sencilla: declararse anticastrista. Con ese solo gesto, la promoción y el éxito estaban prácticamente garantizados. Se abrían de par en par todas las puertas: emisoras de radio, platós de televisión y giras por Estados Unidos y medio mundo, financiadas —cómo no— por la sombra de la CIA.

No hay mejor arma de guerra que la cultura para "sorberle el coco" a la masa y convertirla en una legión de zombis o de ñus, el orden es indistinto. Es curioso ver a este ejército de trovadores con sueldos de lujo hablar de derechos humanos, mientras defienden a capa y espada a un país como Estados Unidos; el mismo que ha pisoteado, pisa y pisará la soberanía de cualquier rincón del planeta según sus intereses.

No entro a valorar si son buenos o malos músicos —¡ojo!—, simplemente señalo que han jugado con las cartas marcadas y han aprovechado oportunidades infinitas para llegar a la cima. En este batallón de la contrarrevolución tenemos nombres propios:

  • Celia Cruz: Una petarda insoportable de tomo y lomo. Yo creo que no se fue de Cuba, la echaron por petarda legando donde llegó por se eso, anticastrista.

  • La nueva ola: Luego están los Yomil, Leoni Torres, Yuliet Cruz o los Van Van. Sinceramente, ni sé quiénes son ni me interesa saberlo, pero si siguen la estela de Celia, ya pueden meterse sus cosas por el orto. ¡Menuda pantomima la de estos "defensores de los derechos humanos"!

Este es el mundo que hemos heredado, es lo que hay.

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