El mercado actual nos ofrece un universo de posibilidades para el descanso; opciones impresionantes y, afortunadamente, al alcance de cualquier bolsillo. Sin embargo, nadie nos advierte de que existen combinaciones que son, sencillamente, un atentado contra la integridad física. Hay cosas que son prácticamente incompatibles, como por ejemplo el pijama y las sábanas de franela. A priori, parece el plan perfecto para las largas y duras noches del infierno invernal, pero la realidad es que resultan incompatibles a todas luces.
Uno se da cuenta del error cuando intenta girar para ponerse del otro lado; y yo, que me muevo mucho, lo encuentro un suplicio. En ese movimiento te traes contigo todas las sábanas —incluida la bajera, también de franela— en un efecto tsunami, dejando de repente tu espalda y el trasero desguarnecidos ante el ataque del frío. Para que lo entendáis: es como si tu pijama y tus sábanas estuvieran hechos de velcro y una fuera la parte opuesta a la otra. Sencillamente horroroso.
Otra incompatibilidad letal en el mundo del dormir es la del pijama y las sábanas de raso. Es casi imposible mantener la estabilidad a no ser que uno lleve crampones de montaña para poder clavarlos en el colchón. Es inevitable resbalarse y terminar en el pasillo de casa practicando uno de los deportes de invierno más peligrosos, como el skeleton o el descenso alpino. Al principio puede parecer divertido, pero cuando te caes de la cama siete veces en una noche empiezas a considerar seriamente dormir con un casco de alpinista, la gracia desaparece por completo.
Por lo tanto, os pido prudencia a la hora de elegir vuestro "equipo" nocturno. No dejéis que el ansia de calor o el glamour os cieguen, porque si no, vuestras noches serán una auténtica pesadilla. Os lo digo por pura y traumática experiencia propia.

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