Estoy harto de los discursos vacíos sobre la "maldita" Constitución del 78. Nos han vendido hasta el cansancio lo buena y avanzada que es, metiéndonos en la cabeza un relato que huele a cerrado. La realidad es mucho más cruda: la Constitución actual es una de las mayores estafas sociales y políticas de nuestra historia. Un pacto diseñado por los supuestos "demócratas" del régimen junto al PSOE y el PCE, bajo la mirada cómplice de unos poderes económicos que, no lo olvidemos, amasaron fortunas utilizando esclavos republicanos para sus obras públicas.
No nos engañemos: la Carta Magna del 78 no nace de la libertad, sino de la octava Ley Fundamental (Ley para la reforma política) perteneciente a las Leyes Fundamentales de Reino (Constitución Franquista) . Es decir, es una criatura del franquismo. Procede de aquellos que ganaron la guerra a base de sangre y represión. Pero lo más doloroso no es solo su origen. Lo peor es cómo los franquistas reconvertidos, aliados con la oposición de entonces y sus eslóganes de libertad, convencieron al pueblo español. Ese pueblo que José Antonio calificaba como "tan rico en buenas cualidades" que acabó refrendando su propia trampa. Y por eso, de aquellos polvos vienen estos lodos: hoy somos, en parte, cómplices de esta situación por haber aceptado el chantaje.
Que no me vengan con que "era lo único que se podía hacer". La Constitución se permitió porque el sector financiero dio su visto bueno bajo una condición innegociable: "Haced vuestra política, pero no toquéis la economía ni las empresas". El bienestar del pueblo nunca fue la prioridad; la prioridad era salvar los muebles del capital. Mientras tanto, pasamos página demasiado rápido. En el camino se quedaron sin juzgar los torturadores, los jueces fascistas y los cuerpos represivos, dejando intacto un entramado institucional que sigue arrastrando esa podredumbre.
A la muerte del dictador, la salida natural y democrática debería haber sido el retorno de la Constitución de la II República Española. Si necesitaba actualizarse, el propio texto legal ofrecía los mecanismos en su artículo 125 para ser reformada. Pero esa opción no interesaba a quienes querían una transición "atada y bien atada". Hoy, el resultado es el que vemos: las cunetas siguen llenas de muertos y nos queda una actualidad pestilente que asfixia cualquier intento de regeneración real.













