Ya es oficial: el radar de los norteamericanos apunta a Groenlandia. Y no es para menos, porque la isla es una auténtica "perita en dulce". No solo funciona como un portaaviones natural e inamovible desde el que vigilar a Europa, Rusia y China, sino que es el balcón perfecto para controlar los submarinos rusos en labores estratégicas de inteligencia que merodean las costas del "imperio del mal".
El botín: Recursos y soberanía Pero el verdadero pastel no es solo militar; es mineral. Groenlandia es un tesoro de tierras raras, petróleo y gas. ¿El problema? Que ahora mismo es China quien tiene la sartén por el mango en el control de esos recursos. Así que, preparen las palomitas: en este tablero de ajedrez, la "liberación" de la isla frente a la "opresión" danesa está a la vuelta de la esquina.
Y es aquí es donde la situación se pone interesante (o catastrófica). Una intervención estadounidense dejaría a la OTAN y a la Unión Europea en un "marrón" histórico: están obligados por tratado a defender la integridad territorial de Dinamarca... incluso contra los propios Estados Unidos. Ver las piruetas dialécticas de Bruselas y los países miembros de la Unión, para justificar el abandono de un socio europeo será digno de estudio. Si esto sucede será en principio del fin de la Europa de los mercaderes.
En resumen: estamos en una Guerra Fría 2.0. No hay misiles directos, pero sí una guerra económica total contra China. Y en ese "quilombo", Groenlandia es la pieza que lo decide casi todo.

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