Como señalo en el título de este post, sigo sin encontrar una diferencia tangible entre una alarma antiocupas y un sistema de seguridad convencional. Me inclino, de hecho, a pensar que la supuesta distinción pertenece más al universo de Mortadelo y Filemón que a la realidad.
Sinceramente, no alcanzo a percibir los matices entre un allanamiento de morada tradicional y el mismo allanamiento en el contexto de un intento de ocupación. La línea roja que divide ambos escenarios en el mercado de la seguridad debe ser tan imperceptible que no logro visualizarla.
Me resisto a creer que todo esto sea una estrategia para instrumentalizar el miedo difundido por la derecha y la ultraderecha con el fin de inocular el pánico social y engrosar las cuentas de las empresas de seguridad. Estoy convencido de que esta patronal no está financiando campañas electorales, pues creo firmemente en la intachable honradez de todos sus miembros.

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