La red social X arde estos días con un torrente de comentarios reaccionarios. Es como presenciar una burda analogía de la Reconquista, donde nosotros, los "rojos", parecemos los nuevos sarracenos. La plataforma está plagada de becerros y no solo de facinerosos, sino también de numerosas organizaciones cristianas (que, si Cristo levantara la cabeza, los echaría a gorrazos).
Ahora mismo, el runrún mediático gira en torno a una falsa alarma, probablemente inventada por algún necio, sobre el desmantelamiento de La Piedad y los cuatro evangelistas de la base de la cruz. Como era de esperar, la jauría de pastores alemanes no ha dejado de ladrar desde entonces.
Mi postura sobre este monumento es clara: yo mantendría La Piedad, a los evangelistas y la estructura más o menos intacta, pero le revertiría el relato. Se debe dejar constancia que la Iglesia católica, tanto la de antaño como la actual, ha permitido que un lugar de culto siguiera existiendo como tal, donde se torturó y se enterró a no cristianos contra su voluntad. Por supuesto, también se debe recalcar que este monumento, erigido para mayor gloria de Franco, se construyó con la sangre, el sudor y las lágrimas de los vencidos en la guerra.
A pesar de mi desconocimiento histórico-artístico, sigo pensando que es una obra de arte impresionante. Ya sé que muchos se escandalizarán por esto, pero a mí, insisto, me deja con la boca abierta.
No quiero terminal sin hablar de los necios que defienden que cualquier intervención sobre el monumento es "reabrir heridas". Es decir, para estos círculos católicos y facinerosos, reabrir heridas es hacer justicia, como sacar a los seres humanos que han estado enterrados junto a su verdugo y bajo una cruz que ni siquiera los representa. Según estas teorías, nacidas de mentes perturbadas, podríamos concluir que, para cerrar heridas con el terrorismo de ETA, habría que enterrar a las víctimas junto a sus asesinos. Una idea tan demencial como profundamente estúpida.
Defendamos el Valle, sí, pero del fascismo que se aproxima.

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