El comunismo ha resurgido con fuerza en la conversación pública de estos tiempos. Absolutamente todo el mundo habla de él, desde los viejos militantes y los nuevos simpatizantes, los comunistas marxistas-leninistas, los maoístas, los trotskistas, ¡sin excepción!
Pero la discusión no se limita a ellos. La derecha, la facción ultraliberal e incluso los libertarios de pacotilla que pululan por el planeta Tierra lo sacan a colación a diario.
Respecto a todos ellos, resulta sorprendente que, después de insistir en que es una ideología fracasada, la sigan atacando con tanta vehemencia. Uno se pregunta si es por el temor a perder sus privilegios o si de verdad lo consideran inservible. Incluso estos nuevos "zombis" de barra de bar se atreven a tildar de comunistas a Pedro Sánchez, a Yolanda Díaz y a tantos otros que simplemente no comulgan con las payasadas de sus "jefes de centuria". Es evidente que no han visto un comunista en su vida, ni saben qué demonios significa el término, pero eso les da completamente igual.
Otros de estos "nuevos fachillas", que algo han leído el diario deportivo Marca, se atreven a argumentar que China es capitalista cuando se trata de sus impresionantes logros económicos y tecnológicos, pero la catalogan de comunista cuando les conviene lo contrario.
En definitiva, este ganado ideológico se adapta a cualquier dogma según la conveniencia de su cuadra política.
Si el comunismo está realmente muerto y fracasado, dejadnos en paz con nuestros asuntos a quienes sí somos comunistas. No tenéis por qué preocuparos, pues estamos perfectamente entretenidos con lo nuestro. La verdad que os corroe es otra: le tenéis más miedo que vergüenza a la idea de que el comunismo pueda funcionar y, lo que es peor para vosotros, que acabe por gustaros.
¡Mentecatos del mundo!, podéis seguir berreando; nosotros seguimos aquí.



